viernes, 28 de agosto de 2009

El Gran Marcelo.


Admiro a Marcelo Bielsa. Todos lo admiramos. Más allá de que su paso por la selección nacional no fue del todo exitoso, fue un gran cambio. Incluso podemos experimentar un poquito de envidia ajena hacia el fútbol chileno que, hoy por hoy, atraviesa un momento feliz en plena armonía con el director técnico de los sueños.


¿No seremos un país adecuado para Marcelo Bielsa y Chile sí? Como dice su hermano, el poeta Rafael Bielsa. ¿En qué fallamos cuando tuvimos a Marcelo en nuestra selección y lo dejamos ir? ¿No le dimos todo el apoyo?



Sin duda, este presente es mucho peor si la comparamos con la etapa de Marcelo. Nuestra selección nacional está llena de estrellas, pero es incapaz de redondear una buena actuación.



No voy a tener nostalgias de Bielsa, pero al ver la tremenda repercusión mediática y popular que Marcelo genera en estos momentos en Chile y la gran revolución deportiva que realizó en el país trasandino en un período de tiempo relativamente corto, no puedo dejar de preguntarme: ¿En qué fallamos, por qué nos abandonaste a este negro presente y peor futuro? Parezco un novio despechado...



Todos sabemos. El fútbol chileno siempre fue de regular para abajo. Muchas veces acarició el desastre total. Es un fútbol muy inferior al argentino. Casi sin figuras, mas allá de Zamorano y Salas de a ratos, por rachas o épocas. Su época en River, por ejemplo.



Pese a este breve historial. En la actualidad, Chile es uno de los que le pelea un puesto para ir al Mundial a nuestra selección. Y sería una locura, hoy por hoy, siquiera soñar que podemos ganarle a Chile. (Esto demuestra que la dirigencia chilena está mucho mejor que la dirigencia del fútbol argentino).



El fútbol chileno ha entendido mucho mejor que nuestro fútbol, la filosofía de Bielsa. Filosofía que tiene su modo de ser en el trabajo constante, riguroso, contagioso y sobretodo superprofesional. Nada puede quedar librado al azar. Todo es motivo de estudio. Y este precioso modo de ser de Bielsa, ha sido mamado en los últimos tiempos por toda la cúpula del fútbol chileno, desde los dirigentes hasta los jugadores.



También es cierto que esta revolución deportiva de Bielsa pueda trasladarse a cualquier otro tipo de organización, sea de carácter político o empresarial. Yo también creo que Marcelo Bielsa podría ser presidente de Chile o tener por lo menos un alto cargo en algún Ministerio de Deportes.



Someterse al trabajo duro, al silencio escueto, a pensar cada día más en el compañero y no pensar tanto en creerse uno, sino "un uno parte de un grupo" parecen ser todas situaciones muy alejadas del Predio de Ezeiza.



Si hoy ronda el fantasma del fracaso en nuestra selección nacional, es más que nada porque siempre estuvo llena de camarillas, jefes y estrellas mas que de deportistas profesionales y humildes. El ego va siempre al volante del carro de la selección nacional.



Un día habría que analizar cuántos jugadores que pasaron por la selección en el último tiempo solo lo hicieron para cumplir y para que suba su cotización en el mundo del fútbol.



Este presente nos dice que se hicieron las cosas mal. Que poco y nada hemos aprendido de un técnico como Bielsa y hoy estamos pagando las consecuencias. Estrellatos, grandes nombres, figuras internacionales hemos impuesto en la selección por sobre el trabajo, la humildad, el buen sentimiento y el sacrificio deportivo y así nos va...



Me alegro que los chilenos hayan aprendido de nuestro error y hayan aprendido aún más de Marcelo Bielsa, un gran hombre que tiene mucho para dar. Ojalá lo tengan siempre, se lo merecen, por hacer bien las cosas. En cambio, nosotros, seguiremos en penitencia deportiva un buen tiempo.

Por Washington Cucurto

sábado, 25 de julio de 2009

Blues de Cris


Luis en el 76.

A punto de cumplir los 60, “el flaco” de Belgrano fue premiado con el máximo galardón de la industria discográfica local. Señor K también nació en el 50, pero "Luigi" llegó un mes antes.

Atado a mi destino…
El papá era aficionado al tango, también cantaba en boliches de mala muerte, y Spinetta desde niño fue inclinado a la música. A los 12 años participó de un concurso nacional de canto resultando seleccionado para realizar una gira aunque desistió de hacerla. Esa buena costumbre de elogiar la renuncia. En esa época comienza a tomar sus primeras, y únicas, lecciones de guitarra, ya que prontamente se transformaría en músico autodidacta.
En su camino instruido con apenas 23 años, ahí nos detenemos ahora; con su Pescado Rabioso a flor de piel nos muestra el blues rock como pocos. El cuarteto debuta con Desatormentándonos y ya en el 73 con su doble Pescado 2.

Al borde del camino volveré.
A principios de la década del setenta, Kirchner estudió Derecho en La Plata, recibiendo su diploma de abogado en 1976. En 1974, a las órdenes del director Héctor Olivera, actuó como extra en el exitoso largometraje "La Patagonia rebelde". En 1976, luego del inicio de la dictadura abandonó La Plata junto con su esposa, Cris Fernández para retornar a Río Gallegos para dedicarse a ejercer su profesión, alejándose así de la actividad política.

Hace exactamente un mes, como resultado de la derrota electoral, Kirchner renunció a la presidencia del Partido Justicialista.

Hoy, Spinetta con sus 43 años de trayectoria, escuchamos nuevamente su Blues de Cris y se nos purifica la razón.

Los dejo con su letra y más abajo encontrarán el video. Permiso.

Cansado de gritar por Cris,
mi mente está colgada como un árbol.
Cansado de luchar por mí,
atado a mi destino
al borde del camino volveré.

Y si la ves pasar y no habla,
es porque sabe que
atado a mi destino
sus ojos al final olvidaré.

Cansado de gritar por Cris,
mi mente está colgada como un árbol.
Cansado de luchar por mí,
atado a mi destino
al borde del camino volveré.

Y si la ves pasar y no habla,
es porque sabe que
atado a mi destino, sus ojos al final olvidaré.

Zumbando en mi caverna gris,
la voz de Cris me llega y no cesa.
Oh, zumbando en mi caverna gris,
atado a mi destino,
al borde del camino volveré.

domingo, 7 de junio de 2009

Pelotudo pluscuamperfecto.


Sueltame pasado.


...¿hay palabras, palabras de las denominadas malas palabras que son irremplazables, por sonoridad, por fuerza, algunos incluso por contextura física de la palabra. No es lo mismo decir que una persona es tonta o zonza que decir que es un pelotudo. Tonto puede incluso incluir un problema de disminución neurológica realmente agresivo.
El secreto de la palabra pelotudo, ya universalizada —no sé si está en el diccionario de dudas—, está en que también puede hacer referencia a algo que tiene pelotas. Puede hacer referencia a algo que tiene pelotas que puede ser un utilero de fútbol que es un pelotudo porque traslada las pelotas; pero lo que digo, el secreto, la fuerza; está en la letra t. Analicémoslo —anoten las maestras—: está en la letra t, puesto que no es lo mismo decir zonzo que decir peloTUdo. Roberto Fontanarrosa.
El dirigente ruralista Alfredo De Angeli endureció su discurso contra el ex presidente Néstor Kirchner, y calificó al ex mandatario de "pelotudo" por acusar indirectamente al agro de generar un clima destituyente y de haber "cambiado los tanques por los tractores".
"Tengo que tratarlo de eso, de pelotudo; se quedó leyendo el diario de la década del '70", reaccionó el titular de la Sociedad Rural de Entre Ríos, en réplica de los nuevos cuestionamientos de Kirchner contra el agro.

Un acierto de naturaleza semántica-gramatical, tomada en el momento justo, se valió de ella para expresarse abiertamente, tuvo la libertad de seleccionar, de hurgar, de penetrar en el conglomerado léxico que se le presentó y cumplir así su función primordial de comunicación.
El presidente se siente perfecto. Un hombre de selección, para sentirse perfecto, necesita ser especialmente vanidoso, y de jactarse de ello, la creencia en su partido perfecto no está unida a él, no es ingenuo, sino que llega de su inmodestia, y aun para él mismo tiene un carácter ficticio, imaginario e inseguro; porque además sabe que puede perder. Pero el vanidoso necesita de los demás, y en este morbo que vive con el campo, entre otros eventuales adversarios; "cegado" por su vanidad, consigue el hombre sentirse de verdad perfecto. En cambio, al tipo de a pie, de nuestros días, no se le ocurre dudar de su propia plenitud. Su confianza en sí es, maravillosa. El hermetismo nato de su alma le impide lo que sería posición anterior para descubrir su insuficiencia: compararse con otros seres. Compararse sería salir un rato de sí mismo y trasladarse al prójimo. Pero el alma mediocre es incapaz de cambios.
Según Ortega y Gasset, tal vez el gallego más argentino que existió, nos encontramos con la misma diferencia que eternamente existe entre el tonto y el perspicaz. Éste se sorprende a sí mismo siempre a dos dedos de ser tonto; por ello hace un esfuerzo para escapar a la inminente tontería, y en ese esfuerzo consiste la inteligencia. El tonto, en cambio, no se sospecha a sí mismo: se parece discretísimo, y de ahí la envidiable tranquilidad con que el necio se asienta e instala en su propia torpeza. Y agrega: no hay modo de desalojar al tonto de su tontería, llevarle de paseo un rato más allá de su ceguera y obligarle a que contraste su torpe visión habitual con otros modos de ver más sutiles. El tonto es vitalicio y sin poros. Por eso decía Anatole France que un necio es mucho más funesto que un malvado. Porque el malvado descansa algunas veces; el necio, jamás.
Hoy, en cambio, el hombre palmípedo tiene las "ideas" más taxativas, más concretas, más particulares, quizás más tangibles; sobre cuanto acontece y debe acontecer en el caos preelectoral en el cual está sumergido. Hablando en pretérito, HA PERDIDO el uso de la audición. ¿Para qué oír, si ya tiene en sus adentros todas las voces, cuanto falta? Ya no se permite una mínima ocasión para escuchar, sino, al contrario, la posee para juzgar, sentenciar y decidir. No hay tema de vida pública donde no intervenga, ciego y sordo como es, imponiendo sus "opiniones".
He aquí la principal característica, radiografía en mano, del “predicador” del PJ: el derecho a no tener razón, la razón de la sinrazón, expone Ortega en “La rebelión de las masas”; y revela: … yo veo en ello la manifestación más palpable del nuevo modo de ser las masas, por haberse resuelto a dirigir la sociedad sin capacidad para ello. En su conducta política se revela la estructura del alma nueva de la manera más cruda y contundente; pero la clave está en el hermetismo intelectual. El hombre medio se encuentra con "ideas" dentro de sí, pero carece de la función de idear. Ni sospecha siquiera cuál es el elemento utilísimo en que las ideas viven. Quiere opinar. De aquí que sus "ideas" no sean efectivamente sino apetitos con palabras, como las romanzas musicales.
Pero el “pelotudo” perfecto se siente perdido si acepta la discusión, e instintivamente repudia la obligación de acatar esa instancia suprema que se halla fuera de él. Por eso, irreflexivamente, nos muestra lo que aparenta:"acabar con las discusiones", y se reprueba para no hablar de censura, toda forma de concordia que por si misma implique acatamiento de normas ecuánimes, desde la tertulia hasta el Congreso. Esto quiere decir que se renuncia a la convivencia de cultura, ni más ni menos; que es una convivencia bajo normas, y se retrocede a una convivencia salvaje. Porque el señor, exagera, se extrema cacareando, donde sus “compañeros” lo ponderan y se agranda. El hombre perfecto se recarga, se expande; y como todo serafín del discurso se extralimita. En fin, el “pelotudo” perfecto exagera en retro, digamos. El tractorista HA DICHO: “se quedó leyendo el diario de la década del '70”. Pero también omite en la perorata retrospectiva, sus destellos en los pretéritos años de la segunda década infame donde él HABIA SIDO pieza fundamental del menemato.
Entónces no es un pelotudo perfecto, atención. Es, un pelotudo pluscuamperfecto. Permiso…

viernes, 22 de mayo de 2009

Con habano...sin galera.




Un tal Oscar Natalio, risa de atorrante, de atorrante pero buena tu mano franca, franca para el pobre siempre abierta, domingos de ravioles amasados por la vieja y después a ver al Globo en la Quema. Brabucón, de brazos cortos, de sueño grande. Ya no queda en este mayo el pío pío con Mancera. Un día como hoy, hace 33 años, se escuchó en un burdel de Las Vegas un cobarde que con voz temblorosa pero decidida gritó: "Eh Ringo! Muérete, muérete Ringo".

"Hay tipos que me dicen: "Hola, Bonavena, siéntese, coma algo". ¡Si cuando yo no tenía un mango no me daban de comer! ¿Por qué me quieren dar de comer ahora?



Cuando Ringo volvió a Argentina protagonizó, quizá no de forma tan fingida más de un escándalo que le vino de perlas para autopromocionarse. De ese modo consiguió enfrentarse al Campeón Argentino Goyo Peralta, ese que “sobreviviría” toda la pelea a el mejor Foreman. El débil a priori era Ringo que poco menos tuvo que perseguir a Peralta para que se enfrentase a él. El hecho es que Bonavena se había ofrecido a Goyo como Sparring estando en Estados Unidos a lo que Goyo Peralta se negó argumentando que Bonavena solo quería darse a conocer a costa de su fama, que ya era aspirante oficial al cinturón mundial Frente a Willie Pastrano. De ese modo se preveía un choque muy interesante lleno de alternativas que los argentinos, divididos no iba a dejar pasar.
El 4 de septiembre del 65 se produce ese choque en el Luna Park, por el título argentino de peso pesado. Ringo subió al ring, donde recibió un abucheo monumental, que para eso era el más “odiado y bocazas” boxeador latino del momento; el abucheo más fuerte que se recuerde en la historia del boxeo Argentino. Por el contrario, Goyo Peralta fue ovacionado desde las cuatro puntos cardinales del recinto. A casi 2 minutos del comienzo del 5° round, Bonavena ganó la pelea por K.O. Fue un momento increíble.
Aún es recordado como al día siguiente Óscar Bonavena se vistió su traje gris corbatita fina, se ciñó su cinturón de Campeón y salió a las calles del barrio para mostrarse transparente y accesible para la gente de su barrio, así era este fortísimo campeón...

En la memoria de muchos aun resuena...

SOMOS DEL BARRIO
DEL BARRIO DE LA QUEMA....
SOMOS DEL BARRIO
DE RINGO BONAVENA.

Aún después de vencer al ídolo, para muchos argentinos Ringo continuó siendo un cobarde, inestable y agrio capaz de ganar al mejor y perder ante el mas mediocre rival. Lo cierto es que es un milagro que Bonavena pudiera subirse a un ring y realizar una más o menos meritoria carrera, el hecho es bien reflejado en este extracto de Ulises Barrera que dijo de "Ringo" Bonavena:
“Ringo fue un extrañísimo fenómeno, y no sólo por sus ocurrencias, sino porque era un boxeador con pies totalmente planos y sin base de sustentación. Allí me expliqué porqué este hombre para hacer footing tenía que ir al hipódromo, ya que era el único lugar donde se sentía bien corriendo en la arena. Era un milagro que subiera al ring. Solía tirar unos golpes abiertos muy largos que Luis Angel Firpo los llamaba telegramas, porque vienen muy de lejos. Llegar a pelear con Clay e inclusive hacerle temblar la osamenta con un golpe fue una hazaña para Bonavena, tanto que hoy se puede decir recorriendo récords que se convirtió en el peso pesado argentino de mejor trayectoria”.

Es cierto, el 7 de diciembre de 1970 se enfrentó a Muhammad Ali en el Madison Square Garden, perdiendo en el último round después de haberse dado el lujo de derribar a Ali antes haber caído en tres oportunidades, decretándose el KO por reglamento. El mejor recuerdo de Bonavena de su encuentro con Ali es además de lograr derribarle y pelear como un jabato, fue darse el gusto de llamarle “gallina” de permitirse llamarle Clay cuando ya era Alí, sabiendo que eso le molestaba muchísimo. De ese modo jugó a ser Ali. Era la interpretación cinematográfica del hombre que tiene que llamar la atención para que se le de una oportunidad, él mismo afirmaría que para conseguir sus combates tenía que decir cosas que no sentía. El hecho, es que si no fuese de ese modo tampoco nos extrañaría, si no lo hiciera premeditadamente, nos lo creeríamos ya que si es cierto que Bonavena tenía sus defectos la maldad no era uno de ellos; fue sincero y trasparente decía lo que pensaba en cada momento aunque eso doliera o la trajera problemas. Mas minuciosamente mas o menos lo que ocurrió fue así: “Cuando llega Bonavena a Nueva York un día va a un entrenamiento y empieza a gritarle "chicken, chicken... (gallina)". Clay lo miró sorprendido. Luego cuando hacen una suerte de conferencia de prensa previa a la pelea, se presenta y dice: "Soy Muhammad Alí que va a ganar fácilmente este combate". Y Bonavena no se ocupó de eso, sino que asomó la cabeza por encima de las dos personas que lo separaban y le empezó a decir: "Clay, Clay...", y este le respondía mirándolo furiosamente "Alí, soy Muhammad Alí...". Era una cosa increíble porque le estaba tomando el pelo recordando su nombre verdadero y no el que había adoptado desde su bautismo al Islam. Se fue tan enojado y sorprendido a la vez, que todo el mundo comentó que el único individuo que le hizo eso fue Bonavena.”


En el momento de la derrota ante Ali, Ringo poseía tenía 68 peleas en su haber, con 58 victorias, 9 derrotas y un empate.

Ese “no pudo ser” fue sin duda el no conseguir su cetro de campeón mundial, aunque hay que valorar sus rivales en la división. Además de Muhammad Alí también perdió ante Jimmy Ellis y fracasó ante Joe Frazier, quien le ganó dos combates.


El hecho es que tanto los preliminares como el propio combate contra El más Grande gustó de tal modo al público que pronto se comenzó a barajar la posibilidad de la revancha. Después de su baño de multitudes en Argentina de vuelta en los Estados Unidos, Ringo quería dejar de ser cobarde para cierto sector de la sociedad y fue en busca del desquite, su revancha, ante Muhammad Ali. Quería demostrar que tenía pasta de campeón y, también, alzarse con la generosa bolsa del combate.

Ringo fue a EEUU en busca del desquite ante Muhammad Ali. Pero su joven corazón de treinta y tres años fue partido en mil pedazos por la bala asesina disparada por un matón a sueldo desde un fusil treinta-cero-seis, a treinta metros, en el estado de Nevada.
Ocurrió a las puertas de "Mustang Ranch", el cabaret de Joe Conforte, quien había sido durante un período su manager. Vale aclarar que Ringo vivía en una cabaña muy cerca del prostíbulo, y que, por eso, pasaba gran parte de sus días en el mismo.

Esa trágica noche Willard Ross Brymer, un mandado de Conforte, le disparó a Bonavena con un poderoso rifle. Ringo habría discutido con un hombre encargado de la seguridad del lugar, Joe Coletti, apodado Billy el niño, y aparentemente todo estaba premeditado y planeado por Joe Conforte, al enterarse de un supuesto romance del boxeador con su esposa, Sally Conforte, una mujer 26 años mayor que Ringo.
Puede que Brymer estuviera enfadado por que Bonavena había golpeado unos días atrás a su hermano Baby Dean en un entrenamiento. O por que Ringo para asegurarse el permiso de residencia estuvo casado durante diez días con Cheryl Ann Revideaux, una prostituta que le gustaba a Brymer, chica del propio burdel. Sea como fuere, no vale la pena buscar un sentido a algo que no lo tiene.

Ringo fue enterrado el 30 de mayo de 1976 con su pecho ahogado en claveles rojos. Unas 150.000 personas pasaron por el Luna. Era el último adiós al bueno de Ringo.

sábado, 16 de mayo de 2009

¿Corrupción de menores?




Porque a falta de Susanas buenas son las María Elenas.
Una señora ya tenía moscones impertinentes en la cabeza zumbandole preguntas. Hoy, con tanto “bailaniño” televisado, nos resulta oportuno que alguien oriente el blanco sobre negro. Hace exactamente 30 años, siempre tan puntual.

"No hay preguntas indiscretas.
Indiscretas son las respuestas."
Oscar Wilde

Vivimos consumiendo preceptos y productos sin cuestionarlos, por temor a la indiscreción de las respuestas y porque es más seguro acatar rutinas que incurrir en singularidades. Un ejercicio de esclarecimiento podría empezar con estas discretísimas preguntas:
¿Educamos a nuestras niñas para que en el día de mañana (si lo hay) sean ociosas princesas del jet-set? ¿Las educamos para Heidis de almibarados bosques? ¿Las educamos para futuras cortesanas? ¿Las educamos para enanas mentales y superfluas "señoras gordas"?
Así parece, por lo menos en buena parte de la bendita clase media argentina, dada la aberrante insistencia con que se estimula el narcisismo y la coquetería de nuestras niñas y se les escamotea su participación en la realidad.
La nena suele gozar de una envidiable amnesia para repetir la tabla del cuatro junto con una no menos envidiable memoria para detallar el último capítulo del idilio de tal vedette con tal campeón o el menor frunce del penúltimo modelo de Carolina de Mónaco cuando salió a cazar mariposas en Taormina con su digno esposo.
Consentimos y aprobamos que sea maniática consumidora de chafalonía, vestimenta, basura impresa y todo lo que, en fin, represente moda y no verdad. Consentimos que acuda al espejito más neuróticamente que la madrastra de Blancanieves, que sea experta en cosmética, teleteatros y publicidad, que exija chatarra importada o que calce imposibles zuecos para denuedo de traumatólogos.
Formamos una personalidad melindrosa cortando de raíz —porque todo empieza desde el nacimiento— la sensibilidad o el interés que podría sentir por la variada riqueza del universo.
—Es el instinto femenino —dicen algunos psicólogos de calesita. Eso me recuerda una anécdota. El director de una compañía grabadora estaba un día ocupado en comprobar cuántas veces se pasaba determinado disco por la radio.
—¡Qué bien, qué éxito, cómo gusta, cómo lo difunden a cada rato! —aplaudió entusiasmado. Y después agregó —: Claro que hay que ver la cantidad de plata que invertimos en la difusión radial de este tema...
Nosotros también programamos a nuestras niñas como a ese eterno infante que es el público. Les insuflamos manías e intereses adultos, les subvencionamos la trivialidad y luego atribuimos el resultado a su constitución biológica.
Las jugueterías, en vidrieras separadas, ofrecen distintos juguetes para niñas y para varones. En Estados Unidos, no hace muchos años los lugares públicos estaban igualmente divididos "para gente de color" y "para blancos". ¡Dividir para reinar!
A las nenas sólo se les ofrece —o se les impone— juguetería doméstica: ajuares, lavarropas, cocinas, aspiradoras, accesorios de belleza o peluquería.
Si con esto se trata de reforzar las inclinaciones domésticas que trae desde la cuna, ¿por qué no orientarla también hacia la carpintería o la plomería? ¿Acaso no son actividades hogareñas indispensables? Sí, lo son, pero remuneradas. He aquí una respuesta indiscreta.
Los juguetes para varones sortean la monotonía y ofrecen toda la gama de posibilidades humanas y extraterrestres: granjas, tren eléctrico, robots, microscopio, telescopio, equipos de química y electrónica, autos, juegos de ingenio y todo lo que, en fin, estimula las facultades mentales.
¿A la nena no le gustan los animales de granja ni los trenes? ¿No sueña con manejar un coche? ¿No siente curiosidad por el microcosmos o el espacio? ¡Cómo la va a sentir si es cosa de la otra vidriera, la de Gran Jefe Toro Sentado Blanco!
¿Es que el ejercicio de la razón y la imaginación pueden llevarla a la larga a desistir de ser una criatura dependiente y limitada, mano de obra gratuita y personaje ornamental? La respuesta es sumamente indiscreta.
En la casa y la escuela destinamos a la nena a reiterar las más obvias y desabridas manualidades, a remedar las tareas maternas... y a practicar la maledicencia a propósito de indumentaria vecinal.
La nena vive rodeada de dudosos arquetipos y la forzamos a emularlos, comprándole la diadema de la Mujer Maravilla o el manto de cualquier otra maravilla femenil. No falta tío que ponga en sus manos un ejemplar de "Cómo ser bella y coqueta", otro espejito más o la centésima muñeca.
Salvo raras excepciones como Reportajes Supersónicos de Syria Poletti, cuya heroína es una pequeña periodista, el papel impreso que suele frecuentar la nena —incluido el libro de lectura— le muestra a mujeres que, en la más alta cima del intelecto, son maestras. Las demás, aparte de consabidas hadas y brujas, son siempre domadas princesas o abotargadas amas de casas.
La nena sabe, por las revistas que devora como una leona, que en este mundo no hay mujeres dedicadas a las más diversas tareas, por necesidad o por ganas. Lo que es más grave y contradictorio, le enseñan a soslayar el hecho de que su propia madre trabaja afuera o estudia, como si éste no fuera modelo apropiado dada su excentricidad. Jamás vio —y si lo vio mojó el dedo y pasó la página— que hay mujeres obreras, pilotos, juezas o estadistas. Es tan avaro el espacio que los medios les dedican, ocupados como están en la promoción de Miss Tal o la siempre recordable Cristina Onassis.
Educar para el ocio, la servidumbre y la trivialidad, ¿no significa corromper la sagrada potencia del ser humano?
Por suerte, esta criatura vestida de rosa (no faltará quien diga, confundiendo otra vez causas con efectos, que las nenas nacen de rosa y los varones de celeste, cuando este negocio de los colores distintivos fue invento de una partera italiana, allá por 1919), esta criatura, digo, es fuerte y rebelde, dotada de una capacidad de supervivencia extraordinaria. La nena, en muchos casos, renegará de la manipulación y decidirá ser una persona. Pero ¿quién puede medir la dificultad de la contramarcha y la energía desperdiciada en librarse de tanta tilinguería adulta?
Mientras modelan a la pequeña odalisca remilgada, el tiempo pasa y llega la hora de la pubertad. Entonces los adultos se alarman porque la nena asusta con precoces aspavientos sexuales y emprende calamitosamente los estudios secundarios. Terminó los primarios como pudo, entre espejitos, telenovelas, chismografía y exhibicionismo fomentados y aprobados, pero al trasponer la pubertad se le reprocha todo esto y empieza a hacerse acreedora al desprecio que la banalidad inspira a quienes mejor la imponen y más caro la venden.
Los mayores ponen el grito en el cielo porque la nena no da señales de ir a transformarse en una Alfonsina Storni. Ahí empieza a tallar el prestigio de la cultura —desmesurado porque se trata de otra forma del culto al exitismo individual— y florece una tardía sospecha de que la nena no fue educada razonablemente. Cuando las papas queman, esos pobres padres de clase media argentina comprenden por fin que no son Grace y Rainiero y que la tierra que pisan no es Disneylandia.
En ese preciso momento aparece también el espantajo de la TV, esa culpable de todo. ¿Y quién delegó en ella las tareas de institutriz? La mediocridad de la TV no hace sino colaborar en la fabricación en serie de ciudadanas despistadas.
No se trata de reavivar severidades conventuales ni se trata de desvalorizar el trabajo doméstico ni inquietudes que, mejor orientadas, podrían ser simplemente estéticas. No se trata tampoco de mudarse de vidriera para suponer, por ejemplo, que el automovilismo es más meritorio que el arte culinario, o la cursilería más despreciable que el matonismo.
Toda criatura humana debe aprender a bastarse y cooperar en el trabajo hogareño y a cuidar, si quiere, su apariencia. Lo grave consiste en convencer a la criatura femenina de que el mundo termina allí.
Se trata de comprender que la niña no tiene opción, que es inducida compulsivamente a la frivolidad y la dependencia, que por tradición se le practica un lavado de cerebro que le impide elegir otra conducta y alimentar otros intereses.
La frivolidad no es un defecto truculento que merezca anatemas al estilo cuáquero o musulmán. Lo truculento consiste en hacerle creer a alguien que ése es su único destino, incompatible con el uso de la inteligencia. Lo grave consiste en confundir un espontáneo juego imitativo de la madre con una fatalidad excluyente de otras funciones.
A la nena no se le permite formar su personalidad libremente: se la dan toda hecha, y aprendices de jíbaros le reducen el cerebro para luego convencerla de que nació reducida. La instigan a practicar un desenfrenado culto a las apariencias y a desdeñar su propia y diversa riqueza humana. La recortan y pegan para luego culparla porque es una figurita. La educan, en fin, para pequeña cortesana de un mundo en liquidación.
¿No es eso corrupción de menores?
María Elena Walsh.
Clarín, jueves 5 de abril de 1979.

viernes, 8 de mayo de 2009

Disculpen la molestia.



Eduardo Galeano
Reflexión del día en el programa La Mañana conducido por Víctor Hugo Morales en Radio Continental, el 6 de mayo.




Quiero compartir algunas preguntas, unas moscas que me andan zumbando en la cabeza que tienen que ver con la justicia: si es justa la justicia, si está parada sobre sus pies, la justicia del mundo al revés? Porque ahora se escuchan clamores por todas partes exigiendo la pena de muerte, pero no demandan castigo sobre los amos del mundo esos clamores, faltaba más, los clamores claman contra los asesinos que usan navaja, no contra los que usan misiles, y uno se pregunta: ya que esos justicieros están tan locos de ganas de matar, por qué no exigen la pena de muerte contra la injusticia social.

Es justo un mundo que cada minuto destina tres millones de dólares a los gastos militares, cada minuto tres millones de dólares a los gastos militares mientras cada minuto mueren quince niños por hambre o enfermedad curable?. Contra quién se arma hasta los dientes la llamada comunidad internacional? Se arma contra la pobreza o contra los pobres? Por qué los fervorosos de la pena capital no exigen la pena de muerte contra los valores de la sociedad de consumo que cotidianamente atentan contra la seguridad pública? O a caso no invita al crimen el bombardeo de la publicidad que aturde a millones y millones de jóvenes desempleados, mal pagados, repitiéndole noche y día, día y noche que ser es tener; tener un automóvil, tener zapatos de marca, tener, tener y quien no tiene no es.

Y por qué no se implanta la pena de muerte contra la muerte? El mundo está organizado al servicio de la muerte. Hoy fabrica muerte la industria militar, que devora la mayor parte de nuestros recursos y buena parte de nuestras energías. Los amos del mundo sólo condenan la violencia cuando la ejercen otros. Y este monopolio de la violencia se traduce inexplicable para los extraterrestres y también insoportable para los terrestres que todavía queremos contra toda evidencia sobrevivir. Los humanos somos los únicos animales especializados en el exterminio mutuo y hemos desarrollado una tecnología de la destrucción que está aniquilando de paso al planeta y a todos sus habitantes. Esa tecnología se alimenta del miedo. Es el miedo que fabrica, que justifica los enemigos del derroche militar y policial; y en tren de implantar la pena de muerte: qué tal si condenamos a muerte al miedo? No sería sano acabar con esta dictadura universal de los asustadores profesionales, los sembradores de pánico que nos condenan a la soledad y nos prohíben la solidaridad, sálvese quien pueda, aplastaos los unos a los otros. El prójimo es siempre un peligro que acecha. Ojo mucho cuidado, este te robará, aquel te violará, ese cochecito de bebé esconde una bomba musulmana y si esa mujer te mira, esa vecina de aspecto inocente es seguro que te contagia la peste porcina.

En el mundo al revés dan miedo hasta los más elementales actos de justicia y sentido común. Pero, no nacieron para caminar juntos, bien pegaditos el sentido común y la justicia?
Ahora el mundo está triste porque se venden menos autos, una de las consecuencias de esta crisis mundial feroz es la caída de la próspera industria del automóvil. Si tuviéramos algún resto de sentido común y alguito de sentido de la justicia, no tendríamos que celebrar esa buena noticia? O acaso la disminución de los automóviles no es una buena noticia? Desde el punto de vista de la naturaleza que estará un poquito menos envenenada y desde punto de vista de los peatones que morirán un poquito menos.
Según Louis Carrol la reina explicó a Alicia cómo funciona la justicia en el País de las maravillas. Dijo la reina: ahí lo tienes, está encerrado en la cárcel cumpliendo su condena pero el juicio no empezará hasta el próximo miércoles y por supuesto, el crimen será cometido al final.

En El Salvador, el arzobispo Hernán Gandulfo Romero comprobó, que la justicia como la serpiente, sólo muerde a los descalzos. El murió a balazos por denunciar que en su país los descalzos nacían de antemano condenados como en el cuento de la reina, por delito de nacimiento.
El resultado de las recientes elecciones en El Salvador no es de alguna manera un homenaje? Un homenaje al arzobispo Romero y a los miles que como él murieron luchando por una justicia justa.
En el reino de la injusticia a veces terminan mal las historias de la Historia, pero ella, la Historia, no termina. Cuando dice adiós, dice hasta luego.

jueves, 16 de abril de 2009

Predicar en desiertos.



O bien podría decirse: pedirle peras al olmo; tirarle margaritas a los chanchos; gastar pólvora en chimango...
Este señor escribió allá por el 1837, se hace incalculable dicho momento, como si no hubiera diferencias con la Edad Media por ejemplo; una serie de ensayos publicados en un semanario llamado "La Moda" revista al fin de música, literatura, costumbres y otros menesteres. Allí se evidencia el texto que a continuación reproduce este niño. La actualidad se plasma de tal manera que si no fuera por la fecha de publicación diríamos que fue escrito anoche. El niño decide transcribir estas líneas de un compadrito que no aceptó nunca un cargo público. Que además de pelearse con Sarmiento: él con la pluma y quizás el otro con la espada y unas pocas palabras subidas de tono; rechazó las ideas de Mitre para luego en el exilio, allá en un pueblito en las afueras de París, se dejara morir a los 73. Ensayos como el que a continuación detallamos inauguran la idea de que algunos ya pensaron lo pensado, nada nuevo hay bajo este sol, y fundamentalmente el lugar de los intelectuales en nuestro país debe ser uno solo, y no varios, ambiguos y hasta protagonistas de riñas de gallos. Una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa. En este momento alguien tiene que parar la pelota y pensar. Alguien ya lo hizo hace más de 170 años.
El prócer en cuetión tiene nombre de calle, pero antes de ello hizo lo que dijo y dijo lo que pensó; en aquel tiempo esto estaba de última moda. Permiso...

¡Y qué pocas son las ocasiones que no se predica de este modo en estos
tiempos! Tiempos desiertos para todos los predicadores; tiempos sordos, que no
quieren oír sermones de ningún género: los únicos medios de manejarlos son el
palo, el oro, y la risa: agentes invencibles que se abren paso por dondequiera, y
para los cuales no hay desiertos, porque a la elocuencia del palo, nadie es
insensible; nadie es ciego a la luz del oro, ni sordo al susurro formidable de la
risa. En saliendo de aquí, ya todo es sermón, es decir, sueño, aburrimiento,
sordera, ininteligencia, pérdida de tiempo, desiertos. Así pues:
escribir en La Moda, es predicar en desiertos, porque nadie la lee. ¿Para qué la
han de leer? La Moda no da de palos, no da oro; solo debe a las pocas risas que
se le escapan, los pocos lectores con que cuenta. ¿Para qué la han de leer? ¿Qué
trae La Moda sino cosas que las damas están cansadas de saber? Un estilo añejo
y pesado, que jamás se ha conocido en los tiempos floridos de nuestra prensa
periódica: unas ideas rancias ya entre nosotros; unos asuntos frívolos, faltos de
dirección y de sistema, y todo, en fin, tan trivial y tan ligero, que hasta las
mujeres podrían hacer su crítica. ¿Cómo han de descender a tan indigno y
estrecho recinto nuestros hombres serios? La Moda es para ellos un sucucho, un
cuartejo a la calle, una barbería donde un tal Figarillo hace más enredos que
barbas. De modo que La Moda es un pequeño desierto donde se puede decir
impunemente contra las mujeres, especialmente, todas las injurias que se
quieran.
Y en efecto, escribir para las mujeres, es predicar en desiertos, porque no leen,
ni quieren leer; y si llegan a leer, leen como oyen llover. Un periódico de damas
sería un desierto aquí, porque para nuestras damas, toda literatura es un desierto.
Decirles que deben darse a la lectura, al pensamiento; que no basta saber bordar
y coser; que el piano, el canto, el baile, el dibujo, los idiomas no constituyen
sino un preliminar a una educación completa; que sus destinos son más altos y
dignos en la sociedad, es predicar en las montañas, pero no como Aquél que
hace cerca de dos mil años predicó en un monte, y hasta ahora retumban sus
palabras por toda la tierra. Por un oído les entra, y por otro les sale. Vamos
bailando y paseando, y después una de dos, o secándonos en el trabajo, o
secándonos en el deleite, y después, más tarde, encerrándonos, y después
llorando, y después vomitando sangre, y después entregando al cielo una vida
recién comenzada: ¡esto es bello, natural sin duda!
Escribir para los tenderos, es predicar en desiertos. No leen: los periódicos y los
libros son para ellos unas pampas, de que huyen cual si fuesen ganados. Puede
usted escribir incendios contra ellos, en la seguridad de que no lo sabrán jamás:
es como si usted dirigiese a un gaucho nuestro, un montón de injurias en inglés.
No tienen por qué leer los tenderos: ¡son tan instruidos por lo común, tan
urbanos, tan despejados!
Escribir en estilo un poco fácil y no convencional, es predicar en desiertos,
porque nadie lo entiende. Aquí, en no escribiéndose con la materialidad vulgar y
ordinaria de los españoles, ya tenemos sermón en desierto. Expresión un poco
desusada, expresión perdida. Expresión sin trivialidad, poco prosaica, expresión
perdida... ¡Pon fin! ¡Adónde se ha ido este! ¡Ni el diablo que le alcance!
Término un poco metafísico, término perdido. Comparación un poco lejana,
comparación perdida. Si usted no llama al pan, pan, y al vino, vino, usted
predica en desiertos, en medio de esta sociedad soberbia de su cultura.
Hablar aquí el lenguaje usado hoy día en las prensas y en las tribunas de Europa,
es predicar en desiertos, porque de nadie es entendido: es una jerga, una
jerigonza, un batiburrillo indescifrable según algunos espíritus positivos de
nuestra tierra. Es nuestro atraso, digo yo; no entendemos a la Europa: es
extranjera para nosotros, como para nuestra madre la España, que no es de
Europa, sino de África o Asia, más bien. Sola a la España entendemos; es decir,
la materia, la prosa, la inepcia. No queremos sino lo que es eterno: nos
preciamos de adelantados, y reímos de todo lo que no es de ahora cien años.
Proclamar la sociabilidad y moralidad del arte, es predicar en desiertos, porque
los poetas, los lectores, la sociedad, todo el mundo continúa entregado al
egoísmo. Y no se entiende lo que se lee; se lee como el loro; se acaba de leer la
nueva doctrina, y se sigue haciendo obras egoístas. Es porque no se hace lo que
se quiere, sino lo que se sabe; y no se sabe sino lo que es sabido, lo que ha sido
hecho, lo que es viejo: no se sabe más que imitar, plagiar, copiar. Dar ejemplos
nuevos, y únicamente así, es reformar el arte: ¡ejemplos, ejemplos! y basta de
sermones.
Enseñar sus defectos y sus deberes a los cómicos, es predicar en desiertos. Todo
arte, todo libro, todo estudio, toda escuela, es desierto para nuestros cómicos. Se
les dice: no hagan ustedes esto, hagan ustedes esto otro; y se hacen saco, y
siguen barbarizando, y ganando y comiendo, que es todo el fin de sus poltrones
afanes.
Escribir en español americano, y no en español godo o castizo, es predicar en
desiertos. Porque aquí las ideas, como los memoriales, han de guardar ciertas
formas sancionadas, so pena de ser rechazados en caso de contravención. Hay
hombre que más bien no querría saber una verdad nueva, antes que verla escrita
en mal castellano. Para hombres de esta clase, es inconcebible toda ciencia, toda
doctrina, que no venga escrita en la lengua de Cervantes. Es a la más ciega, a la
más servil imitación de este escritor, a donde todas sus ambiciones literarias
propenden. Escribir español castizo, castizo en todo, en voces, en régimen, en
sintaxis, en giro, en tono, en saber: he aquí la cultura, el gusto, el arte, el lujo
literario de sujetos, que, por otra parte no cesan de disputar a la España todas las
prerrogativas inteligentes. ¡La degradan, la insultan, y la copian! ¡Y de copiarla
se honran! ¡Risible anomalía!
Escribir ideas filosóficas, generalidades de cualquier género, mirar las cosas de
un punto de vista poco individual, es predicar en desiertos. Aquí no se quiere
saber nada con la filosofía, es decir, con la razón. Qué, y nosotros ¿somos
racionales acaso? ¿No somos hijos de la Península? Que vaya la filosofía al otro
lado de los Pirineos y del Rin, que a nosotros, para ser felices y libres, maldita la
falta que nos hace el tal rerum cognoscere causas.
Escribir de su arte para los comerciantes, para los labradores, para los pastores,
para los artesanos, para los industriales de cualquier especie, es predicar en
desiertos. No leen, ni han leído, ni leerán jamás. ¿Acaso esas cosas se aprenden
leyendo ni están en los libros? Eso se aprende por instinto, por imitación, por
rutina, maquinalmente como los animales, como las abejas; y por eso es que
nuestros artesanos y labradores trabajan hoy sus obras como lo hacían ahora cien
años, y como de aquí a cien años lo harán todavía. Son exactamente unas abejas
en esta parte, pero unas abejas ociosas, negligentes, abandonadas, sin duda por
el número infinito de zánganos con que cuenta la colmena.
Estimular la juventud al pensamiento, al patriotismo, al desprendimiento, es
predicar en desiertos. La noble juventud se hace sorda, y corriendo afanosa tras
de deleites frívolos, por encima de un hombro desdeñoso, envía una mirada de
tibieza sobre las lágrimas de la patria.

Juan Bautista Alberdi.La Moda, 10 de marzo de 1838.