jueves, 30 de octubre de 2008

Me van a tener que disculpar.


Para Diego

Me van a tener que disculpar. Yo sé que un hombre que pretende ser una persona de bien debe comportarse según ciertas normas, aceptar ciertos preceptos, adecuar su modo de ser a determinadas estipulaciones convenidas por todos. Seamos más explícitos. Si uno quiere ser un tipo coherente debe medir su conducta, y la de sus semejantes, con la misma e idéntica vara. No puede hacer excepciones, pues de lo contrario bastardea su juicio ético, su conciencia crítica, su criterio legítimo.
Uno no puede andar por la vida reprobando a sus rivales y disculpando a sus amigos por el sólo hecho de serlo. Tampoco soy tan ingenuo como para suponer que uno es capaz de sustraerse a sus afectos y a sus pasiones, que uno tiene la idoneidad como para sacrificarlos en el altar de una imparcialidad impoluta. Digamos que uno va por ahí intentando no apartarse demasiado del camino debido, tratando de que los amores y los odios no le trastoquen irremediablemente la lógica.
Pero me van a tener que disculpar, señores. Hay un tipo con el que no puedo. Y ojo que lo intento. Me digo: no puede haber excepciones, no debe haberlas. Y la disculpa que requiero de ustedes es todavía mayor, porque el tipo del que hablo no es un benefactor de la humanidad, ni un santo varón, ni un valiente guerrero que ha consolidado la integridad de mi patria. No, nada de eso. El tipo tiene una actividad mucho menos importante, mucho menos trascendente, mucho más profana. Les voy adelantendo que el tipo es un deportista. Imagínense, señores. Llevo escritas doscientas sesenta y tres palabras hablando del criterio ético y sus limitaciones, y todo por un simple caballero que se gana la vida pateando una pelota. Ustedes podrán decirme que eso vuelve mi actitud todavía más reprobable. Tal vez tengan razón. Tal vez por eso he iniciado estas líneas disculpándome.
No obstante, y aunque tengo perfectamente claras esas cosas, no puedo cambiar mi actitud. Sigo siendo incapaz de juzgarlo con la misma vara con la que juzgo al resto de los seres humanos. Y ojo que no sólo no es un pobre muchacho saturado de virtudes. Tiene muchos defectos. Tiene tal vez tantos defectos como quien escribe estas líneas, o como el que más. Para el caso es lo mismo. Pese a todo, señores, sigo sintiéndome incapaz de juzgarlo. Mi juicio crítico se detiene ante él, y lo dispensa.
No es un capricho, cuidado. No es un simple antojo. Es algo un poco más profundo, si me permiten calificarlo de ese modo. Seré más explícito. Yo lo disculpo porque siento que le debo algo. Le debo algo y sé que no tengo forma de pagárselo. O tal vez ésta sea la peculiar moneda que he encontrado para pagarle. Digamos que mi deuda halla sosiego en este hábito de evitar siempre cualquier eventual reproche.
Él no lo sabe, cuidado. Así que mi pago es absolutamente anónimo. Como anónima es la deuda que con él conservo. Digamos que él no sabe que le debo, e ignora los ingentes esfuerzos que yo hago una vez y otra por pagarle.
Por suerte o por desgracia, la oportunidad de ejercitar este hábito se me presenta a menudo. Es que hablar de él, entre argentinos, es casi uno de nuestros deportes nacionales. Para enzalzarlo hasta la estratósfera, o para condenarlo a la parrilla perpetua de los infiernos, los argentinos gustamos, al parecer, de convocar su nombre y su memoria. Ahí es cuando yo trato de ponerme serio y distante, pero no lo logro. El tamaño de mi deuda se me impone. Y cuando me invitan a hablar prefiero esquivar el bulto, cambiar de tema, ceder mi turno en el ágora del café a la tardecita. No se trata tampoco de que yo me ubique en el bando de sus perpetuos halagadores. Nada de eso. Evito tanto los elogios superlativos y rimbombantes como los dardos envenenados y traicioneros. Además, con el tiempo he visto a más de uno cambiar del bando de los inquisidores al de los plañideros aplaudidores, y viceversa, sin que se les mueva un pelo. Y ambos bandos me parecen absolutamente detestables, por cierto.
Por eso yo me quedo callado, o cambio de tema. Y cuando a veces alguno de los muchachos no me lo permite, porque me acorrala con una pregunta directa, que cruza el aire llevando específicamente mi nombre, tomo aire, hago como que pienso, y digo alguna sandez al estilo de «y, no sé, habría que pensarlo»; o tal vez arriesgo un «vaya uno a saber, son tantas cosas para tener en cuenta». Es que tengo demasiado pudor como para explayarme del modo en que aquí lo hago. Y soy incapaz de condenar a mis amigos al tórrido suplicio de escuchar mis argumentos y mis justificaciones.
Por empezar les tendría que decir que la culpa de todo la tiene el tiempo. Sí, como lo escuchan, el tiempo. El tiempo que se empeña en transcurrir, cuando a veces debería permanecer detenido. El tiempo que nos hace la guachada de romper los momentos perfectos, inmaculados, inolvidables, completos. Porque si el tiempo se quedase ahí, inmortalizando a los seres y a las cosas en su punto justo, nos libraría de los desencantos, de las corrupciones, de las infinitas traiciones tan propias de nosotros los mortales.
Y en realidad es por ese carácter tan defectuoso del tiempo que yo me comporto como lo hago. Como un modo de subsanar, en mis modestos alcances, esas barbaridades injustas que el tiempo nos hace. En cada ocasión en la cual mencionan su nombre, en cada oportunidad en la cual me invitan al festín de adorarlo y denostarlo, yo me sustraigo a este presente absolutamente profano, y con la memoria que el ser humano conserva para los hechos esenciales me remonto a ese día, al día inolvidable en que me vi obligado a sellar este pacto que, hasta hoy, he mantenido en secreto. Un pacto que puede conducirme (lo sé), a que alguien me acuse de patriotero. Y aunque yo sea de aquellos a quienes desagrada la mezcla de la nación con el deporte, en este caso acepto todos los riesgos y las potenciales sanciones.
Digamos que mi memoria es el salvoconducto para volver el tiempo al lugar cristalino del cual no debió moverse, porque era el exacto sitio en que merecía detenerse para siempre, por lo menos para el fútbol, para él y para mí. Porque la vida es así, a veces se combina para alumbrar momentos como ése. Instantes después de los cuales nada vuelve a ser como era. Porque no puede. Porque todo ha cambiado demasiado. Porque por la piel y por los ojos nos ha entrado algo de lo cual nunca vamos a lograr desprendernos.
Esa mañana habrá sido como todas. El mediodía también. Y la tarde arranca, en apariencia, como tantas otras. Una pelota y veintidós tipos. Y otros millones de tipos comiéndose los codos delante de la tele, en los puntos más distantes del planeta. Pero ojo, que esa tarde es distinta. No es un partido. Mejor dicho: no es sólo un partido. Hay algo más. Hay mucha rabia, y mucho dolor, y mucha frustración acumuladas en todos esos tipos que miran la tele. Son emociones que no nacieron por el fútbol. Nacieron en otro lado. En un sitio mucho más terrible, mucho más hostil, mucho más irrevocable. Pero a nosotros, a los de acá, no nos cabe otra que contestar en una cancha, porque no tenemos otro sitio, porque somos pocos, porque estamos solos, porque somos pobres. Pero ahí está la cancha, el fútbol, y son ellos o nosotros. Y si somos nosotros el dolor no va a desaparecer, ni la humillación ha de terminarse. Pero si son ellos. Ay, si son ellos. Si son ellos la humillación va a ser todavía más grande, más dolorosa, más intolerable. Vamos a tener que quedarnos mirándonos las caras, diciéndonos en silencio «te das cuenta, ni siquiera aquí, ni siquiera esto se nos dio a nosotros».
Así que están ahí los tipos. Los once nuestros y los once de ellos. Es fútbol, pero es mucho más que fútbol. Porque cuatro años es muy poco tiempo como para que te amaine el dolor y se te apacigüe la rabia. Por eso no es sólo fútbol.
Y con semejantes antecedentes de tarde borrascosa, con semejante prólogo de tragedia, va este tipo y se cuelga para siempre del cielo de los nuestros. Porque se planta enfrente de los contrarios y los humilla. Porque los roba. Porque delante de sus ojos los afana. Y aunque sea les devuelve ese afano por el otro, por el más grande, por el infinitamente más enorme y ultrajante. Porque aunque nada cambie allá están ellos, en sus casas y en sus calles, en sus pubs, queriéndose comer las pantallas de pura rabia, de pura impotencia de que el tipo salga corriendo mirando de reojito al árbitro que se compra el paquete y marca el medio.
Hasta ahí, eso solo ya es historia. Ya parece suficiente. Porque le robaste algo al que te afanó primero. Y aunque lo que él te robó te duele más, vos te regodeás porque sabés que esto, igual, le duele. Pero hay más. Aunque uno desde acá diga bueno, es suficiente, me doy por hecho, hay más. Porque el tipo además de piola es un artista. Es mucho más que los otros.
Arranca desde el medio, desde su campo, para que no queden dudas de que lo que está por hacer no lo ha hecho nadie. Y aunque va de azul, va con la bandera. La lleva en una mano, aunque nadie la vea. Empieza a desparramarlos para siempre. Y los va liquidando uno por uno, moviéndoseal calor de una música que ellos, pobres giles, no entienden. No sienten la música, pero sí sienten un vago escozor, algo que les dice que se les viene la noche. Y el tipo sigue adelante.
Para que empiecen a no poder creerlo. Para que no se lo olviden nunca. Para que allá lejos los tipos dejen la cerveza y cualquier otra cosa que tengan en la mano. Para que se queden con la boca abierta y la expresión de tontos, pensando que no, que no va a suceder, que alguno lo va a parar, que ese morochito vestido de azul y de argentino no va a entrar al área con la bola mansita a su merced, que alguien va a hacer algo antes de que le amague al arquero y lo sortee por afuera, de que algo va a pasar para poner en orden la historia y que las cosas sean como Dios y la reina mandan, porque en el fútbol tiene que ser como en la vida, donde los que llevan las de ganar ganan, y los que llevan las de perder pierden. Se miran entre ellos y le piden al de al lado que los despierte de la pesadilla. Pero no hay caso, porque ni siquiera cuando el tipo les regala una fracción de segundo más, cuando el tipo aminora el vértigo para quedar de nuevo bien parado de zurdo, ni siquiera entonces van a evitar entrar en la historia como los humillados, los once ingleses despatarrados e incrédulos, los millones de ingleses mirando la tele sin querer creer lo que saben que es verdad para siempre, porque ahí va la bola a morirse en la red para toda la eternidad, y el tipo va a abrazarse con todos y a levantar los ojos al cielo. Y no sé si él lo sabe, pero hace tan bien en mirar al cielo.
Porque el afano estaba bien, pero era poco. Porque el afano de ellos era demasiado grande. Así que faltaba humillarlos por las buenas. Inmortalizarlos para cada ocasión en que ese gol volviese a verse una vez y otra vez y para siempre, en cada rincón del mundo. Ellos volviendo a verse una y mil veces hasta el cansancio en las repeticiones incrédulas. Ellos pasmados, ellos llegando tarde al cruce, ellos viéndolo todo desde el piso, ellos hundiéndose definitivamente en la derrota, en la derrota pequeña y futbolera y absoluta y eterna e inolvidable.
Así que señores, lo lamento. Pero no me jodan con que lo mida con la misma vara con la que se supone debo juzgar a los demás mortales. Porque yo le debo esos dos goles a Inglaterra. Y el único modo que tengo de agradecérselo es dejarlo en paz con sus cosas. Porque ya que el tiempo cometió la estupidez de seguir transcurriendo, ya que optó por acumular un montón de presentes vulgares encima de ese presente perfecto, al menos yo debo tener la honestidad de recordarlo para toda la vida. Yo conservo el deber de la memoria.
Eduardo Sacheri. Esperándolo a tito y otros cuentos de fútbol.

Queremos tanto al Diego...


Hay mucha gente que no quiere a Maradona. Y está en su derecho.

Algunos no lo quieren porque jugó en Boca y, para colmo, es hincha de Boca.

Otros no lo quieren por el primer gol a los ingleses en 1986, hecho con la mano.

Otros no lo quieren por el segundo gol a los ingleses, hecho con el pie.

Hay quienes no lo quieren porque no reconoció a un hijo que tuvo en Italia.

También hay quienes no lo quieren porque no podía salir de la droga.

Muchos son los que no lo quieren porque Maradona habla mucho y se pelea con todos. Desde el Papa hasta Guillermo Cóppola, desde Joao Havelange hasta Ramón Díaz.

Y muchos no lo van a querer nunca.

Aunque no haga goles con la mano. Aunque lo más fuerte que tome sea una Coca Zero. Aunque bese la camiseta de River. Aunque abrace al Papa dé la mano de su hijo italiano.

Pero hay muchos otros que no habitamos la tribuna de los que esperan pacientemente que Maradona se equivoque. Que yerre un penal decisivo. O que se ponga gordo de nuevo. O que lo internen por excesos de lo que sea.

También somos muchos los que queremos que a Maradona le salga todo bien. Que gane todos los partidos de showball o de papi fútbol. Que cuando haga de conductor televisivo, tenga el más alto ranking. Que se le sigan ocurriendo frases ingeniosas y giros inesperados. Que cuente mil veces más la anécdota del bidón de agua en el partido contra Brasil. Que explique otra vez, en una sobremesa, con tenedores y pancitos, cómo fue el famoso gol a Inglaterra y cómo fue que le hizo caso a su hermano y esta vez eludió al arquero.

Con todo, no estamos seguros que Maradona sea el mejor DT al que pueda aspirar la selección nacional en estos momentos. No tenemos certeza de que el amor a la camiseta y el estímulo del honor nacional alcance siempre para salir airosos si no se los mezcla -cuando haga falta- con técnica, equilibrio emocional, frialdad temperamental.

Parece que también quienes tomaron la decisión de nombrarlo como técnico fueron asaltados por la duda. Por eso le pusieron una estricta marca personal encabezada por Carlos Bilardo. Pero, ya sabemos: Maradona es muy difícil de marcar. Siempre se corta solo hacia el espacio inesperado.

Por las dudas, preparémonos por si las cosas no salieran bien.

En primer lugar, podremos echarle la culpa a los árbitros.

O a los jugadores.

Diremos que no han sabido interpretar a Maradona.

O que malograron goles increíbles.

O que los otros tuvieron mucha suerte.

Como sea, la Selección ya tiene nuevo técnico. Ahora hay que ganar y ganar. Que no se nos escape la tortuga. Que no tengamos que decir, prematuramente, “siamo fuori”. Que Messi hable menos y juegue más. Que a Tévez no lo echen en todos los partidos. Que Riquelme tenga más ritmo.

En definitiva, que Maradona acierte.

Pero vivimos en la Argentina y acá tenemos cierta inclinación a alimentarnos de la gloria pasada, como quien invoca espíritus benéficos en momentos difíciles. Nuestros abuelos son italianos del sur, no alemanes. Acá se piensa con el corazón y no se admiten las estadísticas. Que Maradona no haya sido jamás un DT exitoso, es apenas un detalle.

¿O acaso no contrataríamos a Gardel para que enseñe a los pibes a cantar tango?
Claro que los alumnos, aunque sean aplicados y muy esforzados, podrían desafinar.

Pero siempre la culpa será de ellos.

Nunca de Gardel.

Y menos aún de Maradona.
Gonzalo Neidal. Diario La Mañana de Córdoba.

martes, 30 de septiembre de 2008

El asesinato de Ernesto "Che" Guevara




El 9 de octubre de 1967, un día después de ser capturado por el ejército boliviano, el “Che” Guevara fue asesinado en la localidad de La Higuera, Bolivia. Lo que sigue es la carta que dirigió Juan Domingo Perón al Movimiento peronista al confirmarse la caída en combate del guerrillero.

Fuente: Revista Sala 2, Año 1, Nº 5.
Compañeros:

Con profundo dolor he recibido la noticia de una irreparable pérdida para la causa de los pueblos que luchan por su liberación. Quienes hemos abrazado este ideal, nos sentimos hermanados con todos aquellos que, en cualquier lugar del mundo y bajo cualquier bandera, luchan contra la injusticia, la miseria y la explotación. Nos sentimos hermanados con todos los que con valentía y decisión enfrentan la voracidad insaciable del imperialismo, que con la complicidad de las oligarquías apátridas apuntaladas por militares títeres del Pentágono mantienen a los pueblos oprimidos.

Hoy ha caído en esa lucha, como un héroe, la figura joven más extraordinaria que ha dado la revolución en Latinoamérica: ha muerto el Comandante Ernesto “Che” Guevara.

Su muerte me desgarra el alma porque era uno de los nuestros, quizás el mejor: un ejemplo de conducta, desprendimiento, espíritu de sacrificio, renunciamiento. La profunda convicción en la justicia de la causa que abrazó, le dio la fuerza, el valor, el coraje que hoy lo eleva a la categoría de héroe y mártir.

He leído algunos cables que pretenden presentarlo como enemigo del peronismo. Nada más absurdo. Suponiendo que fuera cierto que en 1951 haya estado ligado a un intento golpista, ¿qué edad tenía entonces? Yo mismo, siendo un joven oficial, participé del golpe que derrocó al gobierno popular de Hipólito Yrigoyen. Yo también en ese momento fui utilizado por la oligarquía. Lo importante es darse cuenta de esos errores y enmendarlos. ¡Vaya si el “Che” los enmendó!

En 1954, cuando en Guatemala lucha en defensa del gobierno popular de Jacobo Arbenz ante la prepotente intervención armada de los yanquis, yo personalmente di instrucciones a la cancillería para que le solucionaran la difícil situación que se le planteaba a ese valiente joven argentino; y fue así como salió hacia México.

Su vida, su epopeya, es el ejemplo más puro en que se deben mirar nuestros jóvenes, los jóvenes de toda América Latina.

No faltarán quienes pretendan empalidecer su figura: el imperialismo, temeroso del enorme prestigio que ya había ganado en las masas populares; otros, los que no viven las realidades de nuestros pueblos sojuzgados. Ya me han llegado noticias de que el Partido Comunista Argentino, solapadamente, está en campaña de desprestigio. No nos debe sorprender, ya que siempre se ha caracterizado por marchar a contramano del proceso histórico nacional. Siempre ha estado en contra de los movimientos nacionales y populares. De eso podemos dar fe los peronistas.

La hora de los pueblos ha llegado y las revoluciones nacionales en Latinoamérica son un hecho irreversible. El actual equilibrio será roto porque es infantil pensar que se pueden superar sin revolución las resistencias de las oligarquías y de los monopolios inversionistas del imperialismo.

Las revoluciones socialistas se tienen que realizar; que cada uno haga la suya, no importa el sello que ella tenga. Por eso y para eso, deben conectarse entre sí todos los movimientos nacionales, en la misma forma en que son solidarios entre sí los usufructuarios del privilegio. La mayoría de los gobiernos de América Latina no van a resolver los problemas nacionales sencillamente porque no responden a los intereses nacionales. Ante esto, no creo que las expresiones revolucionarias verbales basten. Es necesario entrar a la acción revolucionaria, con base organizativa, con un programa estratégico y tácticas que hagan viable la concreción de la revolución. Y esta tarea, la deben llevar adelante quienes se sientan capaces. La lucha será dura, pero el triunfo definitivo será de los pueblos.

Ellos tendrán la fuerza material circunstancialmente superior a las nuestras, pero nosotros contamos con la extraordinaria fuerza moral que nos da la convicción en la justicia de la causa que abrazamos y la razón histórica que nos asiste.

El peronismo, consecuente con su tradición y con su lucha, como Movimiento Nacional, Popular y Revolucionario, rinde su homenaje emocionado al idealista, al revolucionario, al Comandante Ernesto “Che” Guevara, guerrillero argentino muerto en acción empuñando las armas en pos del triunfo de las revoluciones nacionales en Latinoamérica.

Juan Domingo Perón
Madrid, 24 de octubre de 1967

sábado, 27 de septiembre de 2008

Román no necesita el pulóver...






Mamá tiene frío e impone el saquito a otros. Un prejuicio similar decide que el 10, "cansado", anda mal y hay que pararlo. Yo creo que está bárbaro.




"El que contesta la pregunta no es el que la recibe, sino el que la formula". Eso lo decía Enrique Pichon Riviere, mi formidable maestro de Psicología Social (durante mi primer año, luego murió). Reforzando ese concepto, y ampliándolo para intentar comprender ciertas reacciones de la mente humana, también afirmaba: "El suéter es una prenda que la madre obliga al hijo a ponerse cuando en realidad ella es la que tiene frío".

Así es como nos dominan los prejuicios; es decir, los juicios previos. Toda la vida estarán sobre nuestras espaldas tratando en la mayoría de los casos de convencernos --a veces fanáticamente-- de que la vida es como cada uno cree que es, y no como objetiva y realmente es. Bien, en el fútbol, junto con su osamenta, el hincha y la cátedra llevan sus prejuicios a la cancha. No entro en el detalle de quién retroalimenta a quién, pero han decidido que "Riquelme está cansado". Pequeña refutación: ¿alguien que no sea Román puede afirmar eso? Yo no me enteré de que se lo preguntaran... Los medios, y los que no lo quieren, presuponen, prejuzgan que no aguanta la seguidilla de partidos desde Pekín hasta acá. Se esgrime el vil argumento de que Boca no gana desde que él volvió y hasta se dice que manda más que Ischia; y que por eso, pese a estar cansado, "no se saca del equipo".

Un par de veces me tocó vivir este tipo de experiencias. Cuando Racing ganó la Libertadores y luego la Intercontinental --ambas Copas definidas en 1967-- fui el único que jugó los 23 partidos, además del torneo local. Con respuesta incluída, me preguntaban: "¿No es cierto que estás cansado?". No hay nada que hacer: el deseo, que es el núcleo del prejuicio, condiciona la opinión de quienes van a la cancha.

A Ermindo Onega, el mejor jugador que vi después de Maradona, le decían "pecho frío" porque nunca había sido campeón con River. Pero era recojudo... ¿Otras? El Tanque Rojas, Raffo o Palermo "burros que sólo saben cabecear". Cuando Martín tira una pared perfecta dicen que se equivocó... Todos prejuicios. Riquelme está soportando desde hace tiempo esta abrumadora tendencia a obligarlo a ponerse el suéter porque los demás tienen frío. Su, para mí admirable, cara de culo es la mejor respuesta a los prejuiciosos. "Fue el mejor jugador de Boca", dijo hace poco Caruzzo, central de Argentinos.

Sí, fue el mejor jugador de Boca contra Independiente y también contra Tigre, digo yo. Llega al área como nunca. Mete pases de gol. Siempre se la da a un compañero. Román no está ni cansado ni saturado. Si lo miramos y lo juzgamos con objetividad, es un jugador de lujo. Unico.

Nota:Roberto Perfumo

El incomprendido.


Siempre se habla que los argentinos, y también los brasileños, tienen jugadores de sobra para armar bastantes selecciones de fútbol competitivas a la vez, ya que tienen la suerte se poseer una gran cantidad de jugadores de calidad, y esto se nota más aún cuando se trata del puesto de "creador" del equipo. Para ese puesto en Argentina las opciones sobran: Aimar, D.Alessandro, Inzúa, Montenegro...y Juan Román Riquelme, quien debo decirlo, es mi ídolo futbolístico desde que comencé a seguirlo desde al año 2000 apróximadamente. Quizás no fue una coincidencia que el día del retiro profesional de Diego Armando Maradona, el mejor de la historia, haya sido Román quien lo remplazó, en ese partido contra River Plate el año 1997, destacando que cuando entró Román, Boca marcó los dos goles que le dieron el triunfo en el estadio Monumental, simplemente la historia del fútbol se hizo presente para decir "se retira el más grande, pero ojo con este chico que está entrando", fue el destino.
Si hubiese que definir a Román en una palabra sin dudas sería "crack". Este talentoso, perfectamente puede estar ausente del partido durante 85 minutos, pero en los 5 que quedan fácilmente puede marcar un gol de afuera del área, realizar un gol de tiro libre, dejar 3 veces sólos en posición de gol a sus delanteros, y además se puede preparar un café y leer el periódico del día si es que lo estima conveniente, es decir, puede cambiar el rumbo del partido en una sola jugada...y ha esos jugadores distintos sólo se les puede llamar CRACKS.
Una vez el argentino Roberto Perfumo, uno de los mejores defensas centrales que han existido en América (junto a Elías Figueroa), señaló: "Los buenos jugadores se ven cuando su equipo va perdiendo, cuando va ganando hasta el más cagón la rompe"; estas palabras me recuerden a Riquelme, en especial ese Riquelme del Boca Juniors dirigido por Carlos Bianchi, que incluso Henry elogió diciendo que Román "Hacía cosas increíbles cuando jugaba en Boca", antes del enfrentamiento histórico entre Arsenal y Villareal por la Champions. Siguiendo las palabras del "Mariscal" Perfumo, Román es de esos jugadores que se agrandan ante la adversidad, un ejemplo es cuando por la semifinal de la copa Libertadores contra Palmeiras, el primer partido jugado en la Bombonera terminó igualado a dos, el técnico brasileño Parreira declaraba en su país que ya eran finalistas, lamentablemente este señor no contaba con la astucia y talento de Román, que en el partido jugado en Brasil marcó un golazo y les dio un baile igual de grande que el estadio Morumbí, testigo presencial del día glorioso de Riquelme. Finalmente ese día clasificó Boca a la final, y logró el título semanas después venciendo al Cruz Azul.
Yo no entiendo como hay gente que discute la calidad futbolística de Riquelme. Sus más críticos lo tildan de "pecho frío"...entonces yo pregunto ¿es ser pecho frío aguantar 1500 patadas de Makelele en una final de Copa Intercontinental, y aún así darle un baile al Real Madrid? ¿Es ser pecho frío llorar desconsoladamente luego de perder injustamente contra el Bayer Munich,y ser pateado los 90 minutos por los alemanes en la Copa Intercontinental el 2001? ¿Es ser pecho frío llegar a un equipo chico como el Villareal, clasificarlo a la Champions y lograr el tercer lugar de la liga española?.
Hay otros que demuestran toda su ignorancia futbolística, pues lo llaman un "jugador lento"...¿QUE SABE ESA GENTE DE FÚTBOL? Posiblemente nada, es gente que no comprende que el fútbol es un juego de toque, y donde existen pausas. Uno que sí sabe es Jorge Valdano, quien sabiamente dijo "El talento no tiene prisa"; estas palabras son clave. ¿De que sirve tener jugadores veloces, si cuando sacan centros salen a cualquier parte?. Riquelme puede ser un jugador lento físicamente, pero mentalmente es más rápido que los otros 21 jugadores que se encuentran en una cancha con él, los árbitros y hasta los suplentes de ambos elencos. Muchas veces sus jugadas no alcanzan total perfección, pues es incomprendido incluso por sus propios compañeros...sin dudas es un jugador fuera de serie.
Otra crítica que se la realiza a Román es por la actitud seria que demuestra cuando juega al fútbol. Muchos lo comparan con Ronaldinho, y esperan que se ría durante los encuentros, que se muestre alegre para las cámaras...pero esa gente debe entender que Riquelme demuestra la alegría con la pelota en los pies, con pases en profundidad, las pisadas al balón...el mismo Román declaró aburrido de tanta comparación que "Zidane es el más grande hace 10 años y no se ríe", un claro golpe al juego sínico del brasileño, quien por fin demostró hace algunos días atrás que tambien tiene su mal genio, luego de perder la final de la Copa Mundial de Clubes contra el Internacional de Brasil, en esta ocasión el fútbol no fue risa, ya que se sacó enojado la medalla del segundo lugar, ¿acaso no es digno un segundo lugar?. Insisto, sea o no sea serio, las 3 pelotas gol por partido que Riquelme otorga a los delanteros llegan de igual forma.
Ahora último, a Riquelme se le critica por el desempeño en el mundial, que hay que decirlo no fue el mejor, y muchos lo creen responsable del fracaso argentino. Pero hay que recordar que Riquelme llego "golpeado psicológicamente", pues habían quedado eliminado de la final de la Champions League por el Villareal contra el Arsenal, cuando perdió el penal en el último minuto del partido, que por cierto pudo haberlo perdido Maradona, Pelé, Di Estéfano, Ronaldinho, Joel Soto, "Manteca" González, Richard Zambrano o el "Chiqui" Chavarría, cualquiera puede errar un penal. Muchas críticas cayeron sobre Riquelme por haber fallado, pero Maradona tuvo las palabras justas y sabias en el momento..."los penales sólo los fallan quienes los tiran, ¿Cuántos jugadores del Villarreal quisieron agarrar esa pelota para tirar ese penal?". Este capítulo claramente afectó al rendimiento mundialista de Riquelme, ya que el fútbol es un deporte donde las emociones y lo psicológico está presesente, e influyen con alta probabilidad, y sin dudas a Riquelme esto le dolió y mucho.
Querido por unos, odiado por otros, de todas formas Riquelme ha quedado en la historia del fútbol como un jugador de excelente nivel, porque los entendidos en este deporte tienen bien considerado al 10 del Villareal, sino hablen con Thierry Henry, ¿les suena? Sí, el delantero del Arsenal y seleccionado Francés, quien dijo: "La gente habla de Ronaldinho. Pero lo que Riquelme puede hacer el balón… Cuando está inspirado uff, además el resto del equipo se contagia". Si es que Henry está ocupado puede hablar con Aimar, quien al ser consultado si le molestaba ser reserva de Román en el mundial declaró: "Como me va a molestar ser suplente del mejor 10 del mundo". También le puede consultar a Pekerman, quien en declaraciones previas al mundial dijo: "Si Riquelme jugara en Brasil sería Riquelminho y estaría entre los dos mejores del mundo"...No quedan dudas, la gente que sí sabe de fútbol valora el talento de Riquelme y su modo de jugar, el cual puede ser incomprendido por parte del público, pero esa gente con suerte debe saber lo que es el offside. Si te consideras fanático del fútbol y no reconoces a Riquelme como un buen jugador, es como si dijeras que sabes de Cine y no supieras quien es el actor principal del Padrino, es algo imperdonable, algún amante del cine no te lo perdonaría, y buscaría alguna forma para golpearte por la ignorancia y falta de respeto demostrada a esa actividad.
Es de esperar que los jugadores con Riquelme, es decir los que piensan, los que ponen la pausa, nunca se acaben, ya que como dice el "Loco Bielsa", el filósofo del deporte rey, "El fútbol se hace menos dramático cuando lo ejecutan los que saben". Roberto Perfumo.

sábado, 13 de septiembre de 2008

El potrero de Bin Laden

La cancha donde Bin Laden jugó a los 17 años, en Beirut, Líbano

Un recorrido por los mejores potreros del mundo
Dos argentinos rescatan a través de fotos y textos, las historias de canchas y sus protagonistas. Dónde jugaron Bin Laden y Evo Morales.

Por Federico Noguera



Como ésta, son muchas las historias que se pueden encontrar en Canchas , un interesante open proyecto "antropológico, social y cultural" que un grupo de amigos de Alemania, Austria y Argentina lanzó en 2002. Y que pretende ser el más grande banco de fotos y anécdotas de la Web sobre los potreros y sus protagonistas (actualmente cuentan con 1620 fotos de 444 canchas).

"Canchas celebra la alegría y la emoción de las personas en contacto con los campos donde se juega al fútbol", se explica desde el sitio, que también recibe la colaboración de 130 personas que suben diariamente a la página imágenes, videos, audios y textos de lugares tan disímiles como extraños.

El experimentado fotógrafo y encargado artístico del proyecto, Gastón Silberman, explica a Perfil.com que la idea de Canchas surgió de una iniciativa conjunta del psicólogo y periodista argentino Santiago Bardotti, el matemático y fotógrafo austríaco Andreas Matt y los alemanes Hans Woppmann y Despina Leonhard, ingeniero y relacionador público, respectivamente.

"Consideramos que estas canchas son puntos de partida, un vehículo para explorar gente", comenta Silberman. Pero aclara lo que no es Canchas: ni "un proyecto de fútbol" ni una mirada exploradora de "la miseria" ("el nene pobre con la pelota de trapo"), pero sí de "lo hiperfestivo".

El autor de Proyecto Cartele aclara que esa mirada no apunta a destacar o impugnar el virtuosismo del juego, sino a realizar un registro cultural a través de fotos y textos (desde una observación no participante) de las acciones y las historias de los protagonistas del fútbol amateur. De esa forma pretenden analizar los comportamientos en un contexto determinado.

"Nos interesa saber los idiomas, nombres, apodos, quién es el dueño de la pelota, cómo se visten, cómo se preparan (para jugar), cuáles son los rituales, quién define cuándo se juega, a qué hora se juega, cuándo es faul, cuándo se termina el partido", detalla Silberman.

Ese registro también busca rescatar "la alegría, la celebración, el humor y la ironía" de los habitantes de Groenlandia, Tanzania, Inglaterra, Vietnam, Argentina, España, Sudáfrica, Pakistán, entre otros, en potreros nevados, polvorientos, sobre rascacielos, a pasos de las Pirámides...

Algunas situaciones o "detalles naturales" de las canchas (cuyo origen viene de la palabra quechua "kancha", que significa recinto) desencadenan reacciones o hasta desafíos a los jugadores "Hay una cancha en Taliouine (Marruecos) que está torcida, está hecha en una planicie que dobla. Entonces uno piensa que el que tira un chanfle manda la pelota a la punta y el que marca la punta no ve el córner", Silberman, quien en su libro Colores en la Piel ya había explorado la vinculación entre los hinchas y las canchas argentinas.

El fotógrafo también recuerda cómo Echek, un joven marroquí, miraba con ansiedad como sus amigos jugaban un picadito en la playa Tan Tan. "No podía jugar porque iba a salir con una chica –cuenta Silberman–. Estaba de punta en blanco, pero no se bancó las ganas de jugar".

Las mismas que hicieron que el presidente de Bolivia, Evo Morales, se pusiera los cortos para jugar un partido en la cancha de Sajama, en la frontera con Chile, como forma de protesta contra la decisión de la FIFA de prohibir que las Eliminatorias mundialistas se continúen disputando en la altura de La Paz.

El análisis de esas acciones mínimas no incluye ni intenta que el proyecto se transforme en "un fin social": "La idea no es viajar con una pelota y botines nuevos. Ese rol lo único que hace es acentuar la carencia, y lo que queremos es mostrar que la carencia es relativa. Ellos la pasan bien y mal, como todos", apunta.

Tampoco pretenden "redimir" a personajes como Bin Laden, sino destacar que, como otros, el líder de Al Qaeda también fue "un chico" que "corría detrás de una pelota", cuando aún "no tenía deseos de tirar una bomba". El proyecto incluye historias de personajes famosos (sean deportistas o no) y de desconocidos, que han cobrado protagonismo en los últimos años (ver Messi…).

Pero Silberman señala que esa búsqueda de "ciertos íconos" tiene que ver con personalidades que "hayan excedido la frontera, 'gente de exportación', para que el proyecto sea lo más universal posible y no localista". En él, ya tienen su lugar las canchas donde jugaron Diego Maradona y el Che Guevara antes de que se transformaran en lo que fueron después: íconos. Federico Noguera. Recogido de Perfil.com

lunes, 18 de agosto de 2008

El burrito sencillo...


Casualmente, a principios de este mes, una cámara del noticiero del canal América estaba en la puerta de un boliche de la zona de Palermo para captar a Ariel Ortega saliendo en un presunto estado de ebriedad.
Casualmente, esas imágenes sirvieron para que el futbolista fuera desafectado del plantel de River Plate.
Casualmente, pocos días más tarde se anunció la extraña transferencia de este cotizado jugador al modesto club Independiente Rivadavia de Mendoza, que milita en la primera B nacional.
Casualmente, el dueño de ese club es Daniel Vila, quien también es uno de los propietarios de América.
Casualmente, ahora las cámaras del mismo noticiero emitieron un "informe" sobre un posible complot de la AFA para perjudicar, mediante arbitrajes, a Independiente de Mendoza por "revolucionar el ascenso" con la contratación de Ortega y "ayudar a la recuperación de un ídolo".
¿Dónde escuché que en el fútbol, como en la vida, las casualidades no existen? Mmmhhh... no, en América TV no.
Maximiliano Poter. Revista Rolling Stones.