El ágora donde se discuten obviedades. El punto de vista arrojado desde la ventana. Este niño en la adultez mata al hombre de la niñez. No hay quién le quite a ese gallo el espolón...En fin acá siempre se llega tarde adonde nunca pasó nada.
domingo, 7 de octubre de 2012
El Otro Fútbol
Un subdeporte dentro de un submundo donde reinan los mejores y más bellos paisajes de nuestro bendito país.
Cuyos protagonistas son verdaderos actores sociales de una realidad que los conmueve, una especie de gladiadores anónimos que luchan en la arena de la pasión, del verdadero amor a la camiseta; haciéndolo contra el viento y la marea del fin del Mundo allá en Ushuaia.
Asimismo, entre la polvareda y las piedras de La Quiaca; o el calor húmedo de la Mesopotamia; o más allá aún, donde sobrevive con pena y sin gloria la Liga Puneña donde se nuclea la montaña y la redonda besa una nube en pleno revoloteo, la de cuero viaja en vuelo rasante tras un centro que atraviesa la siesta frígida de un sábado con baja presión en las salinas jujeñas.
Aquí los intérpretes son la mixtura que se baja del taxi para vestirse de negro, llevarse el silbato a la boca y cubrirse de autoridad durante las dos horas de función.
Tras el último córner el defensor ya piensa en calzarse la camisa celeste, en dejar el uniforme transpirado, las medias y vendas húmedas de sudor para luego de una ducha rápida y certera dirigirse a su puesto de trabajo tras el volante enorme que lo separa del pasaje. El domingo no termina aún. Lo espera una docena de vueltas en el noctámbulo recorrido habitual.
El Penal en silencio los espera. El regreso desolador de los jugadores intramuros se siente en los pasillos, en los pasos cargados, molestos y fastidiosos por haber masticado un derrota más sin poder tragar el amargor; a pesar de sentirse libres junto a la pelota, y es justamente allí que se apechugan prometiendo más empeño en la próxima fecha.
Los hinchas gritan entonando salmos declaratorios por sus colores entre la exaltación y la demencia buscando la chanza sin renunciar a la fiesta de un clásico de barrio. De juego obtuso como casi siempre sucede.
Se conjugan el respeto, el sentido de pertenencia y esa militancia que hace que el “fóbal” no desaparezca en mil años. Una resistencia digna que se observa en aquellos masajistas de ocasión y en los que colocan con sutileza las redes de los arcos para darle una caída recta afirmándolas con diversos adoquines.
Ese ritual los envuelve, los incluye y los dispersa. De la mejor ubicación en la platea techada, a estar subido por encima de la moto asomado al tapial, espiando para no perderse los detalles de un cotejo en Animaná.
Tan auténtico como exótico. Este Tire dié futbolero, nos corre el velo a un deporte revolucionario, un film provocador. Aquí se es diablillo porque está prohibido rendirse. Un obstinado rebusque de emociones.
Desde aquí nos quedamos con este Lado B del fútbol, con el desvío para esquivar los pasares rutinarios de personajes de carne y hueso, sin maquillaje ni vestuarios; inquietos, dentro del campo o pegados al alambrado.
Repetidos seres humanos que tratan solo de tomar un atajo en sus vidas nada más que para ser felices.
domingo, 21 de agosto de 2011
sábado, 13 de agosto de 2011
jueves, 2 de junio de 2011
El flaco de Ubeda y su prosa indignáa.

Hace un calor del carajo,
se pudre el hielo en mi copa,
la banca mea en la sopa
del proleta sin trabajo.
Llueven hostias a destajo,
sin botellón ni farlopa
no sopla viento de popa,
cae la izquierda en desgracia
y la socialdemocracia
se va a la mierda en Europa.
Puerta del Sol, primavera,
respirar es combatir,
dar la cara bendecir
un porvenir sin banderas
ni chorizos sin fronteras.
Levantarse es descubrir
la locura de vivir
contra los cuerdos de atar:
si no nos dejáis soñar
no os dejaremos dormir.
Elorza y Chacón se van
porque no rompen la pana
nueve noches por semana;
donde las toman las dan.
Gallardón no es Superman
ni Espe la Casta y Susana,
la hueste paleocristiana
busca otro Aznar en Rajoy:
migas de pan para hoy
y hambruna para mañana.
Joaquín Sabina.
martes, 4 de enero de 2011
El Dioni.

El Dioni, qué gallego!
“Nací en el barrio de Salamanca y fui al colegio del Pilar, como los ministros. Tengo dos hijos y un nieto. Soy católico practicante. Fui honrado hasta que mi empresa no lo fue conmigo. El dinero da la felicidad y además a la carta. Sólo me arrepiento de haberlo hecho mal… es que los pobres no sabemos ni robar”.
El caballero que robó el furgón
Dionisio Rodríguez Martín siempre quiso ser policía, pero el destino lo convirtió en guardaespaldas. Era el escolta de personajes como Miguel Duran, director general de la ONCE, y era feliz con su trabajo. Hasta el día en que, sin previo aviso, lo degradaron. “La empresa me hizo una cabronada” - le contaría años más tarde al periodista Lluís Amiguet - “Me cambió a conductor de furgón. De 300.000 pasé a 80.000 al mes y, encima, vestido de romano”.
Ofendido, Dionisio, quiso vengarse. La tarde del 28 de julio de 1989, cuando sus dos compañeros de la empresa Candi salieron a buscar la recaudación de una pastelería, él arrancó el furgón y se fue. Desapareció con 320 millones de las antiguas pesetas. “No fue nada preparado. Me salió así, espontáneamente”, declararía meses más tarde ante un juez.
Millonario y feliz, Dionisio saltó a la fama. ‘El Dioni’, lo apodaron los periodistas; y su robo ocupó páginas y páginas de periódicos, y minutos y minutos de televisión. Pero su libre felicidad duró poco. Poco más de un mes, de hecho. El 21 de septiembre de ese mismo año la policía lo detuvo. Lo encontraron en Brasil, viviendo con todos los lujos imaginables en un apartamento repleto de recortes de prensa sobre su fechoría. Y es que el Dioni estaba orgulloso de sí mismo. Se había operado, había mejorado su imagen y estaba contento. Aunque aquello lo llevara a la prisión, él estaba orgulloso. (Ya lo canta Sabina: “Lo primero que hizo el Dioni al llegar a Río / Fue brindar con el espejo y decir ¡que tío!”).
Sólo de una cosa se arrepentía, confesó al ser detenido, del dolor que le causó a su madre.
Estuvo primero preso en Brasil, donde casi consigue la libertad condicional, pero luego fue extraditado a España para cumplir el resto de su condena. De buena parte del dinero robado, nunca más se supo. “¿Cuánto se gastó de los 300 millones?”, le preguntará Amiguet años más tarde. “Cuarenta kilos en 50 días; le di otros 50 a Cocoliso, que se mató con el coche, y otros 50 a otro amigo que, este sí, desapareció para siempre”. Salió de la cárcel en libertad condicional en mayo de 1995, con tres cuartas partes de la condena cumplidas y con una insolvencia declarada que le eximía de la obligación de pagar la indemnización de los 140 millones de pesetas “desaparecidos”.
El caso suscitó un intenso debate en el mundo de la justicia. Conscientes de que ‘El Dioni’ como personaje había “caído bien” a la sociedad española, muchos se cuestionaron si no se estaba creando precedente al no imponerle una pena más dura. “Hay una extraña complicidad sentimental con El Dioni en este país”, dijo una editorial de La Vanguardia de 1991. Y el fiscal jefe de Madrid, Jesús Silva, opinó que “no puede admitirse que se esgrima como defensa que la actuación de un delincuente sea admirable y que el pueblo español le haya absuelto porque lo realizado sería lo que 98 de cada 100 trabajadores desearían hacer”.
Incluso hoy, veinte años más tarde, muchos al oír su nombre siguen exclamando con admiración ‘El Dioni, ¡qué tío!’. Y es que sigue dando motivos. De nuevo, con un par, ha vuelto a ser noticia. Convertido en agente inmobiliario, Dionisio Rodríguez empapeló prácticamente toda la localidad de Lepe (Huelva) anunciando la fiesta con la que celebró el 20 aniversario del famoso robo del furgón. “Ay Dionisio” – canta de nuevo Sabina- “Fue total lo del banco sin un mal tiro / Mucho “visio” / Trincar el pastón y pegarse el piro / La de noches que he dedicado yo a planear / Un golpe como el que diste tú con par”.
lunes, 23 de agosto de 2010
Kirchnertel.
In-fernet para todos
Por Edi Zunino
El canciller argentino twittea como loco. Bloggea el jefe de Gabinete. El primo del jefe de Gobierno porteño, diputado bonaerense él, es otro as del posteo... Hoy, quien no webea no existe, quedó out, solito y solo en el game over del pasado. Internet es el campo de batalla política más de moda. Y allí, como antaño en la calle y los comités o las unidades básicas, hay lugar a montones para un nuevo tipo de militancia cibernética, que en muchos casos es rentada y en todos representa horas y horas con el traste pegado a una silla y los ojos enrojecidos frente al monitor esperando el momento de desacreditar e insultar desde la infantil cobardía del anonimato a quien piensa distinto.
Los hay ultrakirchneristas (para quienes, por ejemplo, la inseguridad en la Argentina no es un problema real sólo porque “en el norte de México es peor”).
Los hay ultrafachos (quienes esperan babeantes, por ejemplo, que llegue la hora de los “fusilamientos” para los “tiranos KK” y sus seguidores).
En el medio de tanta conchabada y binaria idiotez, hay millones de usuarios genuinos que buscan, en el servicio que ellos pagan de su propio bolsillo, encontrar en la Red las oportunidades de información, formación, creatividad e intercambio que ningún otro soporte les había ofrecido antes con texto, audio y video a la vez, y encima on line.
Estos últimos son la inmensa mayoría y suelen huir en masa de los foros de debate (llaman “forristas” a sus activistas estelares) porque intentan usar Internet de un modo constructivo. Los otros (entre los que militan funcionarios públicos, vale reiterarlo) se maman con In-fernet en la “previa” de una elección presidencial que, si no fuera de puro pico y se diera en la calle como antes, terminaría a los palazos. O peor.
Las consignas de guerra más fresquitas son, de un lado y del otro: “¡Viva Fibertel libre!” y “¡Muera la salvaje Fibertel del monopolio!”. Entre ambos polos de tan embriagado pelotudeo están los mismos genuinos usuarios multitudinarios, ya demasiado habituados a que les quiten sin explicarles jamás a cambio de cuál beneficio.
La decisión oficial de desactivar Fibertel dentro de tres meses acaba de ser la muestra más visible de que, para la lógica kirchnerista, importa más la pelea partidaria que el servicio público.
El Gobierno, como tantas veces antes, pegó antes de pensar. Total después vemo’, papá... Sólo que en este caso, su rentable lucha cuerpo a cuerpo con el Grupo Clarín se topó con unos tres millones de personas (un millón de hogares) deseosas de prever a qué pueden acceder con lo que religiosamente garpan mes a mes.
Es un hecho: a Don Julio De Vido le importa más defender la alianza de su logia política con las compañías telefónicas que la calidad y el precio de los servicios que éstas y otras empresas brindarán para que mejore la calidad de vida. Con la misma lógica se impuso la manoseada Ley de Medios. En el proyecto inicial se permitía que las telcos sumaran la TV tarifada a los servicios de telefonía e Internet que ya brindaban, pero se seguía impidiendo que Clarín y otros multimedios incorporaran a su oferta la telefonía en igualdad de condiciones. Para conseguir los votos requeridos, prohibieron el triple play para todos y listo. Ganaron los K. Y los usuarios de Telefónica, Telecom, Clarín y demás (es decir, los argentinos) perdieron la chance de acceder a más cosas por menos plata en un mercado verdaderamente competitivo con monitoreo estatal.
Ahora insinúan que se viene “Internet para todos”, algo que puede sonar muy lindo (como tampoco está mal, obvio, garantizarles sus netbooks a los estudiantes de todo el país), pero que huele demasiado a campaña y a improvisación, sobre todo si nadie sabe dónde nos meteríamos los 50 mil kilómetros de fibra óptica tendidos por Fibertel.
¡Salú, compañeros!
*Secretario general de redacción. Autor del libro Patria o medios. Usuario particular de Fibertel.
Por Edi Zunino
El canciller argentino twittea como loco. Bloggea el jefe de Gabinete. El primo del jefe de Gobierno porteño, diputado bonaerense él, es otro as del posteo... Hoy, quien no webea no existe, quedó out, solito y solo en el game over del pasado. Internet es el campo de batalla política más de moda. Y allí, como antaño en la calle y los comités o las unidades básicas, hay lugar a montones para un nuevo tipo de militancia cibernética, que en muchos casos es rentada y en todos representa horas y horas con el traste pegado a una silla y los ojos enrojecidos frente al monitor esperando el momento de desacreditar e insultar desde la infantil cobardía del anonimato a quien piensa distinto.
Los hay ultrakirchneristas (para quienes, por ejemplo, la inseguridad en la Argentina no es un problema real sólo porque “en el norte de México es peor”).
Los hay ultrafachos (quienes esperan babeantes, por ejemplo, que llegue la hora de los “fusilamientos” para los “tiranos KK” y sus seguidores).
En el medio de tanta conchabada y binaria idiotez, hay millones de usuarios genuinos que buscan, en el servicio que ellos pagan de su propio bolsillo, encontrar en la Red las oportunidades de información, formación, creatividad e intercambio que ningún otro soporte les había ofrecido antes con texto, audio y video a la vez, y encima on line.
Estos últimos son la inmensa mayoría y suelen huir en masa de los foros de debate (llaman “forristas” a sus activistas estelares) porque intentan usar Internet de un modo constructivo. Los otros (entre los que militan funcionarios públicos, vale reiterarlo) se maman con In-fernet en la “previa” de una elección presidencial que, si no fuera de puro pico y se diera en la calle como antes, terminaría a los palazos. O peor.
Las consignas de guerra más fresquitas son, de un lado y del otro: “¡Viva Fibertel libre!” y “¡Muera la salvaje Fibertel del monopolio!”. Entre ambos polos de tan embriagado pelotudeo están los mismos genuinos usuarios multitudinarios, ya demasiado habituados a que les quiten sin explicarles jamás a cambio de cuál beneficio.
La decisión oficial de desactivar Fibertel dentro de tres meses acaba de ser la muestra más visible de que, para la lógica kirchnerista, importa más la pelea partidaria que el servicio público.
El Gobierno, como tantas veces antes, pegó antes de pensar. Total después vemo’, papá... Sólo que en este caso, su rentable lucha cuerpo a cuerpo con el Grupo Clarín se topó con unos tres millones de personas (un millón de hogares) deseosas de prever a qué pueden acceder con lo que religiosamente garpan mes a mes.
Es un hecho: a Don Julio De Vido le importa más defender la alianza de su logia política con las compañías telefónicas que la calidad y el precio de los servicios que éstas y otras empresas brindarán para que mejore la calidad de vida. Con la misma lógica se impuso la manoseada Ley de Medios. En el proyecto inicial se permitía que las telcos sumaran la TV tarifada a los servicios de telefonía e Internet que ya brindaban, pero se seguía impidiendo que Clarín y otros multimedios incorporaran a su oferta la telefonía en igualdad de condiciones. Para conseguir los votos requeridos, prohibieron el triple play para todos y listo. Ganaron los K. Y los usuarios de Telefónica, Telecom, Clarín y demás (es decir, los argentinos) perdieron la chance de acceder a más cosas por menos plata en un mercado verdaderamente competitivo con monitoreo estatal.
Ahora insinúan que se viene “Internet para todos”, algo que puede sonar muy lindo (como tampoco está mal, obvio, garantizarles sus netbooks a los estudiantes de todo el país), pero que huele demasiado a campaña y a improvisación, sobre todo si nadie sabe dónde nos meteríamos los 50 mil kilómetros de fibra óptica tendidos por Fibertel.
¡Salú, compañeros!
*Secretario general de redacción. Autor del libro Patria o medios. Usuario particular de Fibertel.
domingo, 4 de julio de 2010
Cuatro bodas y un funeral.

Por Mario Wainfeld
“Porque tanto, tanto que te quiero
que mi amor por ti no morirá jamás”
Juan Carlos Especiale. “Jamás”, zamba.
“No me mueve mi Dios para quererte
el cielo que me tienes prometido”
Soneto atribuido a Juana Inés de la Cruz, para otros anónimo.
“Hemos jurado amarnos hasta la muerte
y, si los muertos aman,
después de muertos, amarnos más”
Benito de Jesús, “Nuestro juramento”, bolero.
Una escena repetida en las transmisiones desde Sudáfrica embronca al cronista. La cámara recorre los rostros de los hinchas de un equipo eliminado, contritos, con llanto. De pronto, los ciudadanos-mediáticos se ven reflejados en las pantallas, se recomponen, sonríen, saludan. Truecan, cual fenicios, su noble padecer por un instante de fama, para corroborar a Andy Warhol. El cronista abomina de esos hinchas sin sangre ni capacidad de sufrimiento. Ayer, hasta donde llegó su mirada (quizás obnubilada por motivos de conocimiento público), los hinchas argentinos no recayeron en esa debilidad de carácter. La derrota, la eliminación en un mundial por antonomasia, es un trance de duelo. Es hora, lo saben las tías añosas y los terapeutas, de dar rienda suelta a las lágrimas, de “elaborarlo”, esto es, de vivirlo.
Diego Maradona lo patentizó en la conferencia de prensa, máxime cuando absolvió a Lio Messi de suspicacias sobre su compromiso. Dio testimonio: el pibe lloró, tiene corazón, sufrió. Esa es la misión en estas horas, ayer y hoy. Minga de atenuantes o tecnicismos.
- - -
Argentina perdió en su ley, cambiando golpe por golpe. Ayer le tocó cobrar, de lo lindo. Un gol es mucho en fútbol, todos los cuartos de final estuvieron sobredeterminados por uno conseguido o perdido: Brasil se fue a pique con uno en contra, Ghana perdió un penal sobre la hora, Paraguay dilapidó el suyo, Alemania entró ganando a la cancha. Todo fue cuesta arriba para la selección que vaciló veinte minutos y luego lidió a la par hasta que llegó el segundo. Después siguió yendo obcecadamente al ataque, cuando era patente que tenía más posibilidad de ser goleado que de descontar. Al cronista le recordó la pelea de Ringo Bonavena contra Cassius Clay. Bonavena, un boxeador discreto pero valiente, le sostuvo quince rounds al enorme Mohamed Alí. En el último, el negro lo tiró; tres caídas determinaban knock out técnico. En vez de escurrirse, de abrazarlo, Bonavena seguía yendo a buscarlo..., cayó tres veces nomás. Y quedó ídolo para siempre.
Hay algo estimable, para el público criollo, en eso de “morir con la nuestra”. De ahí que el cronista intuya que no hubo grandes denuestos contra el equipo, que jugó su peor partido, el único sin hacer goles y se fue con la canasta llena. Deportivamente, eliminación en cuartos es medio pelo, igual la tristeza prevaleció sobre la bronca.
- - -
Messi no fracasó pero tampoco descolló. Jugó de mayor a menor, en el decurso de los partidos. Es un ciclo desaconsejable, mejor hacer como Kempes y Maradona en 1978 y 1986: crecieron tras la ronda inicial. El pibe se fue sin hacer un gol, literalmente hasta le falló el tiro del final, en el último segundo de descuento. Página/12 evocó otra escena, otro déjà vu. Ocurrió en la eliminatoria del Mundial del ’70, el protagonista fue Toscano Rendo, un petiso mediocampista de clase que jugó en Huracán y San Lorenzo. Argentina perdía con Perú 2 a 1, en una Bombonera colmada y sólo le valía ganar para llegar a México. Rendo hizo un golazo cuando el partido agonizaba, gambeteó a la mitad de la población de Lima, incluida la Flor de la Canela. La cancha mantuvo su silencio sepulcral, apenas unos aplausos apagados. La derrota lacera, nada consuela en esos trances, pero el cronista clama al cielo. ¿Qué les costaba a los Hados darle ese analgésico a Messi? Fue un día aciago, dato no menor.
- - -
Messi, Carlos Tevez, el Pipita Higuaín, Di María (clon de Kafka si los hay) son, entre otros, jugadores jóvenes de gran nivel y temple que tienen por delante dos mundiales, casi seguro. No vuelven machucados ante la hinchada porque jugaron a más y “dejaron todo”. Hasta el pibe Otamendi, que tuvo una jornada aciaga, tendrá oportunidad de revancha. Una gran pregunta es cómo quedará la relación de Maradona con el público. El cronista estaba convencido de que un éxito fulgurante de Messi no lo desplazaría de su lugar en el Olimpo, el tipo lo tiene escriturado. También sospecha que la caída, dura de digerir, no erosionará la idolatría. De ahí las citas que encabezan esta nota que hablan de la incondicionalidad de ciertos amores, escasos por cierto en la vida común. En el fútbol, un universo de fantasía, pueden ser más habituales. Las camisetas se adoran desde la cuna al cementerio, más que las banderías políticas, los cónyuges o ciertas escuelas de cine.
Una gran parte del pueblo lo seguirá adorando, en sus aciertos y en sus fracasos. El cronista lo viene viendo, con más variantes, desde el pie. Se enamoró a primera vista, en la final de un campeonato Evita, en la cancha de Racing en 1974, cuando lo vivó sin conocer su nombre. Por un rato largo, hincha de River él, iba a ver a Argentinos Juniors entre semana, para llenarse la panza de fútbol. Fue la cancha de Boca cuando Diego debutó en la Selección, una goleada contra Hungría en la que no descolló, tendría 16 años. Tocó el cielo en México ’86 y lo conmovió su sacrificio pleno de calidad en Italia ’90. Se enojó cuando la efedrina, y la eliminación en Estados Unidos le pareció una irresponsabilidad. Lo sufrió (y admiró masoquistamente) en su paso por Boca. Ahora, no quería que fuera técnico de la selección. Creyó que no calzaba para ese rol. Se puso de su lado en el Mundial porque Maradona armó un plantel con los mejores, casi indiscutible, porque se implicó hasta los huesos, porque se dedicó a motivar y arropar a sus jugadores. Y porque, ya en la gramilla la celeste y blanca, hay que hinchar sin desmayos.
Maradona fue un motivador, se transfiguró en un jugador más, sólo tuvo gestos de protección para sus muchachos. Ayer sufrió como cualquier hincha y es decir. Los cinco partidos fueron lindos, dignos de ser vistos, las cuatro bodas y el funeral. Fue bello mientras duró. Además, la gran masa del pueblo lo quería ahí, como DT, para sublimar que es imposible que entre a jugar. ¿Se puede equivocar el pueblo? Y, en el hipotético caso de respuesta afirmativa, ¿no corresponde democráticamente honrar sus demandas, hacerse cargo colectivamente de las consecuencias y tirar buenas ondas? Dilemas profundos de filosofía política, inadecuados para este domingo recontra de agua, sin fútbol y con cuatro pepinos alemanes atragantados.
En esta hora transida, con la sensibilidad a flor de piel, corresponde aplaudir de pie a los jugadores y a Diego, que pusieron lo mejor de sí, ganando y perdiendo con buenas artes, sin fingir, sin llorar, sin arrugar.
Ya que estamos, un sapucai para los paraguayos, duros de matar. Y aguante la Celeste, única sobreviviente del Mercosur que mayormente sucumbió ante países en crisis, acaso urgidos por una compensación futbolera.
sábado, 5 de junio de 2010
El marica.

Escuchame, César: yo no sé por dónde andarás ahora, pero cómo me gustaría que leyeras esto. Sí. Porque hay cosas, palabras, que uno lleva mordidas adentro, y las lleva toda la vida. Pero una noche siente que debe escribirlas, decírselas a alguien porque si no las dice van a seguir ahí, doliendo, clavadas para siempre en la vergüenza. Y entonces yo siento que tengo que decírtelo. Escuchame.
Vos eras raro. Uno de esos pibes que no pueden orinar si hay otro en el baño. En la laguna, me acuerdo, nunca te desnudabas delante de nosotros. A ellos les daba risa, y a mí también, claro; pero yo decía que te dejaran, que cada uno es como es. Y vos eras raro. Cuando entraste a primer año, venías de un colegio de curas; San Pedro debió de parecerte, no sé, algo así como Brobdignac. No te gustaba trepar a los árboles, ni romper faroles a cascotazos, ni correr carreras hacia abajo entre los matorrales de la barranca. Ya no recuerdo como fue. Cuando uno es chico, encuentra cualquier motivo para querer a la gente. Sólo recuerdo que de pronto éramos amigos y que siempre andábamos juntos. Una mañana hasta me llevaste a misa. Al pasar frente al café, el colorado Martínez, dijo con voz de flauta: “adiós los novios”. A vos se te puso la cara como fuego. Y yo me di vuelta, puteándolo, y le pegué tan tremendo sopapo, de revés, en los dientes, que me lastimé la mano. Después, vos me la querías vendar. Me mirabas.
—Te lastimaste por mí, Abelardo.
Cuando hablaste sentí frío en la espalda: yo tenía mi mano entre las tuyas y tus manos eran blancas, delgadas. No sé. Demasiado blancas, demasiado delgadas.
—Soltame —dije.
A lo mejor no eran tus manos, a lo mejor era todo: tus manos y tus gestos y tu manera de moverte, de hablar. Yo ahora pienso que antes también lo entendía, y alguna vez lo dije: dije que todo eso no significaba nada, que son cuestiones de educación, de andar siempre entre mujeres, entre curas. Pero ellos se reían y uno también, César, acaba riéndose. Acaba por reírse de macho que es.
Y pasa el tiempo y una noche cualquiera es necesario recordar, decirlo todo.
Fuimos inseparables. Hasta el día en que pasó aquello yo te quise de verdad. Oscura e inexplicablemente como quieren los que todavía están limpios. Me gustaba ayudarte. A la salida del colegio íbamos a tu casa y yo te enseñaba las cosas que no comprendías. Hablábamos. Entonces era fácil contarte, escuchar todo lo que a los otros se les calla. A veces me mirabas con una especie de perplejidad, con una mirada rara; la misma mirada, acaso, con la que yo no me atrevía a mirarte. Una tarde me dijiste:
—Sabés, te admiro.
No pude aguantar tus ojos; mirabas de frente, como los chicos y decías las cosas del mismo modo. Eso era.
—Es un marica.
—Déjense de macanas. Qué va a ser marica.
—Por algo lo cuidás tanto…
Y se reían. Y entonces daban ganas de decir que todos nosotros, juntos, no valíamos la mitad de lo que valía él, de lo que valías, pero en aquel tiempo la palabra era difícil, y la risa fácil. Y uno también acepta —uno también elige—, acaba por enroñarse, quiere la brutalidad de esa noche, cuando vino el negro y dijo me pasaron un dato. Me pasaron un dato, dijo, que por las quintas hay una gorda que cobra cinco pesos, vamos y de paso lo hacemos debutar al machón, al César. Y yo dije macanudo.
—César, esta noche vamos a dar una vuelta con los muchachos. Quiero que vengas.
—¿Con los muchachos?…
—Sí. Qué tiene.
—Y bueno, vamos.
Porque no sólo dije macanudo, sino que te llevé engañado. Y fuimos. Y vos te diste cuenta de todo cuando llegamos al rancho. La luna enorme, me acuerdo: alta entre los árboles.
—Abelardo, vos lo sabías.
—Callate y entrá.
—¡Lo sabías!
—Entrá, te digo.
El marido de la gorda, grandote como la puerta, nos miraba socarronamente. Dijo que eran cinco pesos. Cinco pesos por cabeza, pibes: siete por cinco treinta y cinco. Verle la cara a Dios, había dicho el negro. De la pieza salió un chico, tendría cuatro o cinco años. Moqueando, se pasaba el revés de la mano por la boca. Nunca me voy a olvidar de aquel gesto. Sus piecitos desnudos eran del mismo color que el piso de tierra.
El negro hizo punta. Yo sentía una cosa, una pelota en el estómago. No me atrevía a mirarte. Los demás hacían chistes brutales. Desacostumbradamente brutales, en voz de secreto. Estaban, todos estábamos asustados como locos. A Roberto le tembló el fósforo cuando me dio fuego.
—Debe estar sucia.
Después, el negro salió de la pieza y venía sonriendo. Triunfador. Abrochándose.
Nos guiñó un ojo.
—Pasa vos, Cacho.
—No, yo no. Yo después.
Entró el colorado, después Roberto. Y cuando salían, salían distintos. Salían no sé, salían hombres. Si, esa era la impresión que yo tenía.
Después entré yo. Y cuando salí, vos no estabas.
—¿Dónde está César?
No recuerdo si grité, pero quise gritar. Alguien me había contestado: disparó. Y el alemán —un ademán que pudo ser idéntico al del negro— se me heló en la punta de los dedos, en la cara, me lo borró el viento del patio, porque de pronto yo estaba fuera del rancho.
—Vos también te asustaste, pibe.
Tomando mate contra un árbol vi al marido de la gorda; el chico jugaba entre sus piernas.
—Qué me voy a asustar. Busco al otro, al que se fue.
—Agarró pa ayá —con la misma mano que sostenía la pava, señaló el sitio. Y el chico sonreía. El chico también dijo pa ayá.
Te alcancé frente al Matadero Viejo; quedaste arrinconado contra un cerco. Me mirabas. Siempre me mirabas.
—Lo sabías.
—Volvé.
—No puedo, Abelardo, te juro que no puedo.
—Volvé, ¡Animal!
—Por Dios que no puedo.
—Volvé o te llevo a patadas en el culo.
La luna grande, no me olvido, blanquísima luna de verano entre los árboles y tu cara de tristeza o de vergüenza, tu cara de pedirme perdón, a mí, tu hermosa cara iluminada, desfigurándose de pronto. Me ardía la mano. Pero había que golpear, lastimar, ensuciarte para olvidarme de aquella cosa, como una arcada, que me estaba atragantando.
—Bruto —dijiste—. Bruto de porquería. Te odio. Sos igual, sos peor que los otros.
Te llevaste la mano a la boca, igual que el chico cuando salía de la pieza. No te defendiste.
Cuando te ibas, todavía alcancé a decir:
—Maricón. Maricón de mierda.
Y después lo grité.
Escuchame, César. Es necesario que leas esto. Porque hay cosas que uno lleva mordidas, trampeadas en la vergüenza toda la vida, hay cosas por las que uno, a solas, se escupe la cara en el espejo. Pero de golpe, un día, necesita decirlas, confesárselas a alguien. Escuchame.
Aquella noche, al salir de la pieza de la gorda, yo le pedí, por favor, no se lo vaya a contar a los otros.
Porque aquella noche yo no pude. Yo tampoco pude.
ABELARDO CASTILLO
viernes, 2 de abril de 2010
Por cortesía.
Cerca del puerto de Nueva Tiro, en la antigüedad clásica, había una taberna en donde se auspiciaba la embriaguez de los extranjeros para apresarlos y entregarlos a los piratas, que los vendían luego como esclavos en el sur de Italia. La codicia de los propietarios los condujo a ampliar las capturas, de modo que fueron abolidos los requisitos del alcohol y el nacimiento lejano. Así, se procedía a esclavizar directamente a todo el que entraba. Ante ese trato descomedido, la gente dejó de ir.
Del libro Bar del Infierno de Alejandro Dolina.
El rumor se instaló en la ciudad el año pasado, tomó fuerza, se trató y se consultó; hubo acuerdo y el murmullo consistente se transformó en noticia. A saber: El presidente de la Asociación de Gastronómicos de Santa Fe confirmó que el 5 de abril se pondrá en marcha la iniciativa de entregarles un “bono de cortesía” a las personas que consuman alcohol para que regresen a sus domicilios particulares en taxi.
Menos mal.
Los creadores del nuevo LP (aclaramos que no significa esta sigla Long Play sino que nos referimos al Liso Perfecto), están de parabienes y no hay mejor ocasión para festejar este empuje empresarial que detallar, desde su página Web, en folleto explicativo cómo debe usted servir un LP siguiendo el instructivo en tres pasos. Por favor no se lo pierdan. Reconforta la manera de educar ciudadanos para que interpreten el origen del cuerpo y el alma de la bebida fermentada que no es otra cosa que la mezcla entre cebada, malta y lúpulo.
Siendo su principal objeto calmar la sed, el consumo de ciertas bebidas, especialmente espirituosas, ha estado con no poca frecuencia vinculado a la celebración de rituales de carácter religioso, siendo su consumo hoy en día, quizá a modo de reminiscencia de aquellos ritos, muy frecuente en encuentros sociales y celebraciones.
El reintegro de los cupones estará a cargo de un siempre listo taximetrero que tendrá el honor y la delicadeza de depositar cadáveres en sus domicilios correspondientes, o al menos que nos ayude a encontrar la cerradura.
Como todo bono o ticket nace de un talón, es lógico pensar en una analogía que describe una situación que alguien nos contó o leímos acompañados por un pésimo licor.
Tiene su antiguo origen en un poema incompleto escrito por Estacio en el siglo I, que contiene una versión del mito del nacimiento de Aquiles. Cuando Aquiles nació su madre intentó hacerlo inmortal sumergiéndolo en un río .Sin embargo, lo sostuvo por el talón derecho para sumergirlo en la corriente, por lo que ese preciso punto de su cuerpo quedó vulnerable, siendo la única zona en la que Aquiles podía ser herido en batalla. No está claro si esta versión del mito se conocía anteriormente, aunque permite introducirnos a la siguiente zona endeble. Lo cierto es que lo matan a Aquiles clavándole una flecha envenenada en el cupón, digo…en el talón.
El tachero nos sujetará del mismo antes de ahogarnos en LP y seremos inmortales aunque sensibles en nuestro malgastado bono de cortesía.
En medio de empujones y estampidas los seres obnubilados suelen equivocarse de puertas y con toda frecuencia declaran ante los medios con claro acto de cinismo, perdón civismo: “También se está terminando la confección de los tickets para entregar, con la publicidad de las bodegas”.
El excelentísimo presidente comunal apoya y comparte el ánimo y la decisión de la razón, que se oculta detrás de estos concluyentes. Posee la razón implícita. En su nuevo acto de urbanidad juega a las escondidas con ella, no la encuentra y ésta a veces lo sorprende al grito de ¡Piedra libre para todos mis correligionarios!!!
Mientras el bono no da vuelto, se argumentan las opiniones positivas en clara amabilidad ya que insisten: “no es una iniciativa para que se consuma más, sino para que se consuma lo normal… sólo participarán las empresas que se encuentren al día”. ¿Será por eso que los empresarios comenzaron a averiguar cómo regularizar su situación en relación a las deudas con la Municipalidad?.
Pese a todo, acá nomás en un antro, nadie parece advertir estas confusiones o nadie se molesta por corregirlas, y las nuevas parejitas demoran el vaso haciendo suyos pasados ajenos.
Un brindis por cortesía.
miércoles, 27 de enero de 2010
Unidos o dominados.

...los escritores y artistas constituyen, al menos desde la época romántica, una fracción dominada de la clase dominante, necesariamente inclinada, en razón de la ambigüedad estructural de su posición en la estructura de la clase dominante, a mantener una relación ambivalente, tanto con las fracciones dominantes de la clase dominante ('los burgueses') como con las clases dominadas ('el pueblo'), y a formar una imagen ambigua de su posición en la sociedad y de su función social.
Pierre BOURDIEU, Intelectuales, Política, Poder.
En el canasto de la desconfianza se encuentran, allá en el fondo y acurrucados, la Iglesia, el desencanto de la Justicia, la contrariedad de los periodistas, la irritación de la Policía. Así y en cualquier orden. ¿Qué nos queda? ¿Quiénes? Los intelectuales señores.
Por eso creemos y estamos ilusionados de que lo que a continuación se observa, sólo se trate de una contienda de estación, y que perdure lo que tarde en llegar el otoño.
Los debates entre eruditos, ilustrados, investigadores, pensadores enseñados y “malenseñados”; en fin, porfías matriculadas por intelectuales, periodistas y escritores constituyen un verdadero jardín de tierra fértil donde brota permanente el tallo de la acción y el pensamiento. Dentro de hibridaciones problemáticas, eslabonamientos y discontinuidades; como muestra perezosa nos acordamos del Che, quien hizo lo que dijo y dijo lo que pensó, hallamos discursos académicos y otros de cuento conocido cuyos contenidos no escapan de la meseta baladí y estúpida tornándose en elogio de la chicana.
Salivando sus destrezas y habilidades o borrando de un plumazo sus identificaciones partidarias como si lectores o televidentes los eligieran por dichas pequeñeces que desvían el discurso e insultan al observador.
José Pablo Feinmann: “…Pensemos en la cantidad de libros que han salido para arrojar material defecatorio, excremental, estiercolero, sobre la figura de ‘los K’. ¿Qué son, qué buscan? Ventas rápidas, trepar en las listas de best sellers. Son libros-cacerola. Hay, todavía, una clase media que se los devora. El libro anti K se ha transformado en un libro de autoayuda. Permite a la Mesa de Enlace, a los garcas de todo tipo, a la ‘oposición’ y a toda la inmensa clase media teflonera tener enhiestas sus esperanzas destituyentes…”
No tardaron en contestar Luis Majul y Edi Zunino: “…El filósofo kirchnerista José Pablo Feinmann parece estar muy, pero muy enojado, más bien exasperado, con quienes, últimamente, publicamos libros en los que se critica desde distintos puntos de vista a sus jefes políticos…”
“… de todos los chupamedias del poder, los que más me repugnan son los que usan su inteligencia para justificar lo injustificable. Son los peores. Los compran con un programa de TV o con una palmadita oficial en la espalda, el toque justo para engordar su enorme ego…”
Así las cosas. Pero ¿cuál es la distancia adecuada que el discurso crítico debe establecer con la sociedad a la que se dirige? Michael Walzer trata de encontrar la respuesta: “la distancia adecuada es la distancia media, ni tan crítica de la sociedad como para que ella no se reconozca, ni tan próxima como para que el momento crítico se mezcle en el sentido común hasta desaparecer”.
Allí entra en juego el sentido común de algunos políticos, de bigotes prominentes por ejemplo, como frase hecha que produce un efecto de verdad, con esa oratoria donde reinan argumentos simplistas; un elogio constante del sentido común que se transforma en antipensamiento.
Por eso, sin orden jerárquico, el pensamiento crítico mantiene una relación con la política aunque se peleen por ganarse la sociedad por sus propios medios. Porque el populismo y la demagogia se hacen carne en este ciclo, entonces alejarse de ello sería un buen comienzo; alejarse de connotaciones peyorativas que rodean la Casa rosada
En este tanteo surge una pregunta: ¿Por qué al filósofo se lo lee o escucha? Diferentes respuestas se pueden encontrar, quizás todas rondando las ideas de intérpretes de la realidad, de comunicación clara y ejemplificadota, su didáctica a la hora de exponer un tema complejo, su sabiduría y la capacidad para explicar una cuestión desde su sapiencia y otras tantas. Por lo tanto pertenecer a esa elite significa descartar intereses oficialistas, por lo menos. Esa incompatibilidad pone en foco a colocar al Gobierno en caja, centrarlo, marcándole coordenadas si hacen falta en pos del sistema democrático; juzgado así por sus quehaceres.
A cada instante asoma la necesidad de su arbitraje sabio y en este tiempo tal vez, aparece como más urgente.
Pensamos así, no depender de sus colores partidarios, ni futbolísticos, tampoco si les gusta la sidra o el champán; ahora bien, en la actualidad asistimos a riñas fruto de exceso de sobremesa. A ver si aparece, entre tantas nubes de sinrazón, la grieta que en algún modo consiste en el ejercicio de la inteligencia antes que ninguna otra cosa.
¿Nos salvará dicha inteligencia y el concreto de las acciones? ¿Deberíamos abandonar las revoluciones emblemáticas hechas de símbolos, de banderas, de honores ofendidos y de carteras Lui Buitton? Sin embargo entendemos que no es a la vida rumbosa y hasta un poco grotesca de nuestros pensadores a lo que nos debemos oponer, sino a las acciones políticas pertinaces y continuadas a través del tiempo por nuestras tutelas que producen resultados que a la vista se perciben. Lejos de intervenir ciertamente nuestros intelectuales en el quehacer social y político, consumen sus energías en contiendas que se desvanecen con la misma celeridad con la que emanan su tinta.
Nos negamos a creer que todo se hace, dice y piensa debajo de una bandera política.
Es inaceptable pensar en la posibilidad de contratación de un pensador por parte de un medio masivo por su afiliación partidaria o no. Sino a lo mejor por sus caudales culturales formativos e instructivos. Así se vuelven virtuosos e irreprochables, porque que de eso dan cuenta ante lectores y oyentes.
Nos preocupa de esta manera el papel de los intelectuales en momentos de desarticulización social e institucional con la profundización de marcas de violencia simbólica y material, pasadas y presentes.
¿Acaso no son ellos los que nos dan la llave para que abramos la puerta del pensamiento y desencantarnos o convencernos de acertijos banales?
No son presentadores de noticieros. No salen noticias todos los días. No se escribe un libro todos los días. Cuando tengan algo para decir, entonces ahí tal vez pongamos nuestras manos detrás de la oreja y no tapando nuestra visión. Pero sí, leemos y escuchamos noticias todos los días. En ese momento nace la confusión.
Desde cuánto los intelectuales necesitan pantalla o best sellers? Ahorrarse un autógrafo en las Brótolas o en la Bristol se convertirá en lo más cercano a la decencia. Proponemos juntar firmas para que vuelva, perseguidos por una obsesión, alguna noche de insomnio cuando se creían solos en el Universo preguntándose: “¿dónde van las cosas que se pierden?”. Quizás encuentren allí la sensibilidad perdida hace rato.
Y después de 3.258 mates quizás vuelvan a recuperar la esperanza de quienes aún permanecemos absortos e incrédulos.
lunes, 18 de enero de 2010
Best sellers: José Pablo de la gente.

Utilizar el espacio de un diario, por más Perfil que sea, para defender libros escritos por uno anteponiéndose a si a los dichos de Feinmann es por lo menos un acto que llama la atención. Aguinis con su autoayuda, Luisito con su “Dueño de nada” que parece más un tema del Puma Rodríguez que literatura de verano ( …dueño de ti, dueño de qué, dueño de nada, un arlequín que hace temblar hasta tu alma, dueño de la aire y del reflejo de la luna con el agua…).
Uno elige un medio para informarse, contrastarlo con otro y sacar conclusiones propias.
Esto de ¨periodismo para periodistas¨ o ¨escritores para escritores¨ creo que es para otro lugar. Hacerla corta, se le manda una carta documento o se toma un café con él o se le rompe el culo a patadas. Para peleas mediáticas me sigo quedando con Intrusos.
En definitiva lo mejor que tiene Feinmann es su don de docencia, su capacidad de definir el peronismo como nadie y aquella “Sangre derramada” asi que tan solo por eso sigue siendo, aún de correr riesgo de incompatibilidad con su profesión (porque el periodismo se puede codear con el poder, pero de ahí a darle la mano)el José Pablo de la gente. Igual preferimos desde este espacio a la señora gorda de Encuentro hablando de Heidegger y no a su malandra tocayo de c5n. Claro.
A continuación reproduzco, luego leo comentarios. Igual Zunino no suele pifiarle tanto.
Edi Zunino para Perfil.
En cualquier barrio de clase baja, media o alta de cualquier parte de Iberoamérica, cualquiera sabe lo que significa mierda. Ya ni siquiera la Real Academia la considera una mala palabra y hasta se rumorea por ahí que pisarla trae buena suerte, aunque en este caso tiendo a suponer que dicha superstición fue inventada para consuelo de desprevenidos gilastrunes. La mierda de veras; es decir, el sustantivo mierda, suele volverse adjetivo cuando cualquiera busca desacreditar a personas o cosas que le caen verdaderamente mal, al punto de sacarlo de las casillas. Nadie llega a decir que tal tipo o tal producto es una mierda sin cierto nivel de enojo. Ni qué hablar si se sobreadjetiva el calificativo anteponiéndole la apelación “reverenda...”. Ya el enojo se habrá convertido en furia.
El filósofo kirchnerista José Pablo Feinmann parece estar muy, pero muy enojado, más bien exasperado, con quienes, últimamente, publicamos libros en los que se critica desde distintos puntos de vista a sus jefes políticos. Los considera una mierda, aunque ningún intelectual de fuste se permitiría utilizar ese término soez para expresar sus sentimientos. Escribió Feinmann en su habitual columna de contratapa en el diario paraestatal Página/12, el domingo pasado:
“Pensemos en la cantidad de libros que han salido para arrojar material defecatorio, excremental, estiercolero, sobre la figura de ‘los K’. Uno de Marcos Aguinis (Pobre patria mía), otro de Luis Majul (El dueño), enseguida uno de un periodista de PERFIL, Edi Zunino (Patria o medios), antes uno del infaltable Joaquín Morales Solá (Los Kirchner)...”.
Queda confirmadísimo que Feinmann tiene clase para decir mierda. Al menos, la suficiente como para dar por hecho que, antes de meter todo dentro de la misma bolsa infecta, leyó con detenimiento los objetos de su análisis clínico de tanta materia fecal. En el próximo párrafo llega la sorpresa:
“No han incurrido en esta modalidad –se lamenta José Pablo– ni Natalio Botana, ni Santiago Kovadloff, ni Beatriz Sarlo ni Tulio Halperín Donghi ni Carlos Altamirano, por citar sólo algunos que uno habría leído con cierta atención.”
Los estudiantes de Filosofía y los televidentes de Feinmann en sus programas de los canales estatales 7 y Encuentro ya saben que no hace falta leer (o hacerlo “con cierta atención”) antes de criticar algo.
Sigue adelante nuestro pensador oficial:
“Son periodistas con un tufillo aventurero. Gente que no ha demostrado talento ensayístico ni atesorado prestigio intelectual. ¿Qué son, qué buscan? Ventas rápidas, trepar en las listas de best sellers. Son libros-cacerola. Hay, todavía, una clase media que se los devora. (...) El libro anti K se ha transformado en un libro de autoayuda. Permite a la Mesa de Enlace, a los garcas de todo tipo, a la ‘oposición’ y a toda la inmensa clase media teflonera tener enhiestas sus esperanzas destituyentes (...) creyendo que llegará el día en que los ‘terroristas que nos gobiernan’ serán destituidos...”.
Pasando por alto el elitismo de Feinmann (quien sólo se muestra dispuesto a leer, y con todo derecho, lo que escriben sus pares académicos) y la tramposa idea de que él jamás escribió libros para que se vendan, me queda la esperanza de que la reciente despenalización del antiguo delito de calumnias e injurias no haya sido impulsada por el Gobierno para que sus acólitos puedan acusar de cualquier cosa a cualquiera. Prefiero seguir pensando que, pese al oportunismo con que se la tomó, la decisión fue correcta. Como tantos otros periodistas, en los 90 (cuando a Feinmann le encantaban los libros periodísticos) supe lo molesto e indignante que es andar pintándose los dedos en los Tribunales, acusado de delincuente por el poder de turno.
Llevando su oficialitis al límite de las convulsiones, dice Feinmann:
“Al fin y al cabo, es cierto que hay corrupción en este Gobierno. Sólo que lo que nos espera con el horrible fascismo que está armándose es mucho, pero mucho peor.”
Bingo. El filósofo preferido de Néstor y Cristina acaba de disminuir el noventista axioma de “roban pero hacen” a una especie de “roban pero piensan como yo”.
Apenas leí la nota por Internet, llamé a un gran amigo mío que lo fue de Feinmann, para tratar de entender semejante ofuscación.
—Están preocupados, Edi. Los contratos en la tele son muy buenos y tienen miedo de que se les corte el chorro.
—No, yo no puedo creer que todos los monos bailen por la plata.
—Es cierto. No todos bailan. Algunos, a veces, cantan –me dijo mi amigo, ex amigo de Feinmann.
Había leído la contratapa de Página/12 inmediatamente después de mandarle un mail a Marcos Aguinis, para agradecerle su “exagerada generosidad” al considerar, en una reseña publicada un día antes en la revista cultural de La Nación, que mi libro “es fruto de una apasionada investigación periodística, pero también de un talento narrativo admirable”. Nunca compartimos siquiera un apretón de manos con Aguinis. Somos de generaciones e ideas distintas. Vamos a cumpleaños diferentes, digamos. Pero nobleza obliga.
Cuento esto sólo para que nuestro afilado filósofo quede tranquilo con su conciencia y, desde su nerviosa y momentánea pequeñez (ya vendrán tiempos mejores, tal vez algún día trabajemos juntos), dé por confirmado que soy de derecha. Siempre lo fui, José Pablo. Hice mis primeras armas repartiendo por los kioscos la revista Retruco, vestido a veces de colimba. Era el 82. Uno todavía podía ir en cana por eso. Después me metí unos años en el Partido Comunista (soy el mismo que figura último en la lista de La Fede, el reciente libro de Isidoro Gilbert). En el 83, cometí el error de votar con disciplina a Hermino Iglesias. Y en las útimas, lo hice por Cristina.
Igual que vos, pero sin carné.
jueves, 3 de diciembre de 2009
Mi vecino, el flaco.

El diario dice que a piscis y a acuario les toca en febreo el vinagre y las rosas. Vuelve un tipo desafinado, la tanguita de serpiente, el niño en bicicleta, el preso sin juez, el viejo verde, el tierno llorón, el que dibuja pescaditos; vuelven los sonetos en canción, el bufón, la adrenalina en camas separadas; vuelve el de la tapa de la Rolling Stone, la crítica de García, de Montero, los amigotes como Fito, Juan Carlos y el café de las descepciones. A punto de dejarnos por darle la razón, rebota y vuelve.
En fin... escuchando el disco estoy. Lo vuelvo a poner. Noto que pierdo solidez, que me licúo, que empiezo a soñar, con el peligro que entraña soñar… Parece como si fuera perdiendo años por los costados, los ojos me brillan y me entran ganas de hacer las cosas bien, de escribir la mejor columna del mundo. Creía que este flaco ya no volvería a solucionarme un atardecer y ahí lo tengo, cantándole al mate lavado y encerrándome en una tela de araña que me rodea y me atrapa, me libera de prevenciones y me convence de que debo jugarme la vida por mis cumpas y por esta fulanita de tal, con lo peligroso que es jugarse la vida o lo que sea por esta fulanita de tal, por un empeño, por una hoja en blanco. Es un regalo de cumpleaños que venga acá, transformado en un vecino más del sur; y que haya mosaicos asi capaces de hacerte sentir nuevo y valiente a base de música y poesía. Canta Sabina y yo lo sigo, y me emociono, y creo ser feliz mientras cuenta la historia de que tomó las armas a los 30 sin chaleco antibalas y ahora a los 60 no se preocupa por el talle de los pantalones. Me lleva Sabina de la mano, me mece y adormece. Luego me recarga energía y salgo del trance renovado. Sabina me vuelve rencoroso con el porvenir, que
avanza a paso de cangrejo; pero me invita a pelearlo con un billete en la media.
viernes, 28 de agosto de 2009
El Gran Marcelo.

Admiro a Marcelo Bielsa. Todos lo admiramos. Más allá de que su paso por la selección nacional no fue del todo exitoso, fue un gran cambio. Incluso podemos experimentar un poquito de envidia ajena hacia el fútbol chileno que, hoy por hoy, atraviesa un momento feliz en plena armonía con el director técnico de los sueños.
¿No seremos un país adecuado para Marcelo Bielsa y Chile sí? Como dice su hermano, el poeta Rafael Bielsa. ¿En qué fallamos cuando tuvimos a Marcelo en nuestra selección y lo dejamos ir? ¿No le dimos todo el apoyo?
Sin duda, este presente es mucho peor si la comparamos con la etapa de Marcelo. Nuestra selección nacional está llena de estrellas, pero es incapaz de redondear una buena actuación.
No voy a tener nostalgias de Bielsa, pero al ver la tremenda repercusión mediática y popular que Marcelo genera en estos momentos en Chile y la gran revolución deportiva que realizó en el país trasandino en un período de tiempo relativamente corto, no puedo dejar de preguntarme: ¿En qué fallamos, por qué nos abandonaste a este negro presente y peor futuro? Parezco un novio despechado...
Todos sabemos. El fútbol chileno siempre fue de regular para abajo. Muchas veces acarició el desastre total. Es un fútbol muy inferior al argentino. Casi sin figuras, mas allá de Zamorano y Salas de a ratos, por rachas o épocas. Su época en River, por ejemplo.
Pese a este breve historial. En la actualidad, Chile es uno de los que le pelea un puesto para ir al Mundial a nuestra selección. Y sería una locura, hoy por hoy, siquiera soñar que podemos ganarle a Chile. (Esto demuestra que la dirigencia chilena está mucho mejor que la dirigencia del fútbol argentino).
El fútbol chileno ha entendido mucho mejor que nuestro fútbol, la filosofía de Bielsa. Filosofía que tiene su modo de ser en el trabajo constante, riguroso, contagioso y sobretodo superprofesional. Nada puede quedar librado al azar. Todo es motivo de estudio. Y este precioso modo de ser de Bielsa, ha sido mamado en los últimos tiempos por toda la cúpula del fútbol chileno, desde los dirigentes hasta los jugadores.
También es cierto que esta revolución deportiva de Bielsa pueda trasladarse a cualquier otro tipo de organización, sea de carácter político o empresarial. Yo también creo que Marcelo Bielsa podría ser presidente de Chile o tener por lo menos un alto cargo en algún Ministerio de Deportes.
Someterse al trabajo duro, al silencio escueto, a pensar cada día más en el compañero y no pensar tanto en creerse uno, sino "un uno parte de un grupo" parecen ser todas situaciones muy alejadas del Predio de Ezeiza.
Si hoy ronda el fantasma del fracaso en nuestra selección nacional, es más que nada porque siempre estuvo llena de camarillas, jefes y estrellas mas que de deportistas profesionales y humildes. El ego va siempre al volante del carro de la selección nacional.
Un día habría que analizar cuántos jugadores que pasaron por la selección en el último tiempo solo lo hicieron para cumplir y para que suba su cotización en el mundo del fútbol.
Este presente nos dice que se hicieron las cosas mal. Que poco y nada hemos aprendido de un técnico como Bielsa y hoy estamos pagando las consecuencias. Estrellatos, grandes nombres, figuras internacionales hemos impuesto en la selección por sobre el trabajo, la humildad, el buen sentimiento y el sacrificio deportivo y así nos va...
Me alegro que los chilenos hayan aprendido de nuestro error y hayan aprendido aún más de Marcelo Bielsa, un gran hombre que tiene mucho para dar. Ojalá lo tengan siempre, se lo merecen, por hacer bien las cosas. En cambio, nosotros, seguiremos en penitencia deportiva un buen tiempo.
Por Washington Cucurto
sábado, 25 de julio de 2009
Blues de Cris

Luis en el 76.
A punto de cumplir los 60, “el flaco” de Belgrano fue premiado con el máximo galardón de la industria discográfica local. Señor K también nació en el 50, pero "Luigi" llegó un mes antes.
Atado a mi destino…
El papá era aficionado al tango, también cantaba en boliches de mala muerte, y Spinetta desde niño fue inclinado a la música. A los 12 años participó de un concurso nacional de canto resultando seleccionado para realizar una gira aunque desistió de hacerla. Esa buena costumbre de elogiar la renuncia. En esa época comienza a tomar sus primeras, y únicas, lecciones de guitarra, ya que prontamente se transformaría en músico autodidacta.
En su camino instruido con apenas 23 años, ahí nos detenemos ahora; con su Pescado Rabioso a flor de piel nos muestra el blues rock como pocos. El cuarteto debuta con Desatormentándonos y ya en el 73 con su doble Pescado 2.
Al borde del camino volveré.
A principios de la década del setenta, Kirchner estudió Derecho en La Plata, recibiendo su diploma de abogado en 1976. En 1974, a las órdenes del director Héctor Olivera, actuó como extra en el exitoso largometraje "La Patagonia rebelde". En 1976, luego del inicio de la dictadura abandonó La Plata junto con su esposa, Cris Fernández para retornar a Río Gallegos para dedicarse a ejercer su profesión, alejándose así de la actividad política.
Hace exactamente un mes, como resultado de la derrota electoral, Kirchner renunció a la presidencia del Partido Justicialista.
Hoy, Spinetta con sus 43 años de trayectoria, escuchamos nuevamente su Blues de Cris y se nos purifica la razón.
Los dejo con su letra y más abajo encontrarán el video. Permiso.
Cansado de gritar por Cris,
mi mente está colgada como un árbol.
Cansado de luchar por mí,
atado a mi destino
al borde del camino volveré.
Y si la ves pasar y no habla,
es porque sabe que
atado a mi destino
sus ojos al final olvidaré.
Cansado de gritar por Cris,
mi mente está colgada como un árbol.
Cansado de luchar por mí,
atado a mi destino
al borde del camino volveré.
Y si la ves pasar y no habla,
es porque sabe que
atado a mi destino, sus ojos al final olvidaré.
Zumbando en mi caverna gris,
la voz de Cris me llega y no cesa.
Oh, zumbando en mi caverna gris,
atado a mi destino,
al borde del camino volveré.
domingo, 7 de junio de 2009
Pelotudo pluscuamperfecto.

Sueltame pasado.
...¿hay palabras, palabras de las denominadas malas palabras que son irremplazables, por sonoridad, por fuerza, algunos incluso por contextura física de la palabra. No es lo mismo decir que una persona es tonta o zonza que decir que es un pelotudo. Tonto puede incluso incluir un problema de disminución neurológica realmente agresivo.
El secreto de la palabra pelotudo, ya universalizada —no sé si está en el diccionario de dudas—, está en que también puede hacer referencia a algo que tiene pelotas. Puede hacer referencia a algo que tiene pelotas que puede ser un utilero de fútbol que es un pelotudo porque traslada las pelotas; pero lo que digo, el secreto, la fuerza; está en la letra t. Analicémoslo —anoten las maestras—: está en la letra t, puesto que no es lo mismo decir zonzo que decir peloTUdo. Roberto Fontanarrosa.
El dirigente ruralista Alfredo De Angeli endureció su discurso contra el ex presidente Néstor Kirchner, y calificó al ex mandatario de "pelotudo" por acusar indirectamente al agro de generar un clima destituyente y de haber "cambiado los tanques por los tractores".
"Tengo que tratarlo de eso, de pelotudo; se quedó leyendo el diario de la década del '70", reaccionó el titular de la Sociedad Rural de Entre Ríos, en réplica de los nuevos cuestionamientos de Kirchner contra el agro.
Un acierto de naturaleza semántica-gramatical, tomada en el momento justo, se valió de ella para expresarse abiertamente, tuvo la libertad de seleccionar, de hurgar, de penetrar en el conglomerado léxico que se le presentó y cumplir así su función primordial de comunicación.
El presidente se siente perfecto. Un hombre de selección, para sentirse perfecto, necesita ser especialmente vanidoso, y de jactarse de ello, la creencia en su partido perfecto no está unida a él, no es ingenuo, sino que llega de su inmodestia, y aun para él mismo tiene un carácter ficticio, imaginario e inseguro; porque además sabe que puede perder. Pero el vanidoso necesita de los demás, y en este morbo que vive con el campo, entre otros eventuales adversarios; "cegado" por su vanidad, consigue el hombre sentirse de verdad perfecto. En cambio, al tipo de a pie, de nuestros días, no se le ocurre dudar de su propia plenitud. Su confianza en sí es, maravillosa. El hermetismo nato de su alma le impide lo que sería posición anterior para descubrir su insuficiencia: compararse con otros seres. Compararse sería salir un rato de sí mismo y trasladarse al prójimo. Pero el alma mediocre es incapaz de cambios.
Según Ortega y Gasset, tal vez el gallego más argentino que existió, nos encontramos con la misma diferencia que eternamente existe entre el tonto y el perspicaz. Éste se sorprende a sí mismo siempre a dos dedos de ser tonto; por ello hace un esfuerzo para escapar a la inminente tontería, y en ese esfuerzo consiste la inteligencia. El tonto, en cambio, no se sospecha a sí mismo: se parece discretísimo, y de ahí la envidiable tranquilidad con que el necio se asienta e instala en su propia torpeza. Y agrega: no hay modo de desalojar al tonto de su tontería, llevarle de paseo un rato más allá de su ceguera y obligarle a que contraste su torpe visión habitual con otros modos de ver más sutiles. El tonto es vitalicio y sin poros. Por eso decía Anatole France que un necio es mucho más funesto que un malvado. Porque el malvado descansa algunas veces; el necio, jamás.
Hoy, en cambio, el hombre palmípedo tiene las "ideas" más taxativas, más concretas, más particulares, quizás más tangibles; sobre cuanto acontece y debe acontecer en el caos preelectoral en el cual está sumergido. Hablando en pretérito, HA PERDIDO el uso de la audición. ¿Para qué oír, si ya tiene en sus adentros todas las voces, cuanto falta? Ya no se permite una mínima ocasión para escuchar, sino, al contrario, la posee para juzgar, sentenciar y decidir. No hay tema de vida pública donde no intervenga, ciego y sordo como es, imponiendo sus "opiniones".
He aquí la principal característica, radiografía en mano, del “predicador” del PJ: el derecho a no tener razón, la razón de la sinrazón, expone Ortega en “La rebelión de las masas”; y revela: … yo veo en ello la manifestación más palpable del nuevo modo de ser las masas, por haberse resuelto a dirigir la sociedad sin capacidad para ello. En su conducta política se revela la estructura del alma nueva de la manera más cruda y contundente; pero la clave está en el hermetismo intelectual. El hombre medio se encuentra con "ideas" dentro de sí, pero carece de la función de idear. Ni sospecha siquiera cuál es el elemento utilísimo en que las ideas viven. Quiere opinar. De aquí que sus "ideas" no sean efectivamente sino apetitos con palabras, como las romanzas musicales.
Pero el “pelotudo” perfecto se siente perdido si acepta la discusión, e instintivamente repudia la obligación de acatar esa instancia suprema que se halla fuera de él. Por eso, irreflexivamente, nos muestra lo que aparenta:"acabar con las discusiones", y se reprueba para no hablar de censura, toda forma de concordia que por si misma implique acatamiento de normas ecuánimes, desde la tertulia hasta el Congreso. Esto quiere decir que se renuncia a la convivencia de cultura, ni más ni menos; que es una convivencia bajo normas, y se retrocede a una convivencia salvaje. Porque el señor, exagera, se extrema cacareando, donde sus “compañeros” lo ponderan y se agranda. El hombre perfecto se recarga, se expande; y como todo serafín del discurso se extralimita. En fin, el “pelotudo” perfecto exagera en retro, digamos. El tractorista HA DICHO: “se quedó leyendo el diario de la década del '70”. Pero también omite en la perorata retrospectiva, sus destellos en los pretéritos años de la segunda década infame donde él HABIA SIDO pieza fundamental del menemato.
Entónces no es un pelotudo perfecto, atención. Es, un pelotudo pluscuamperfecto. Permiso…
viernes, 22 de mayo de 2009
Con habano...sin galera.

Un tal Oscar Natalio, risa de atorrante, de atorrante pero buena tu mano franca, franca para el pobre siempre abierta, domingos de ravioles amasados por la vieja y después a ver al Globo en la Quema. Brabucón, de brazos cortos, de sueño grande. Ya no queda en este mayo el pío pío con Mancera. Un día como hoy, hace 33 años, se escuchó en un burdel de Las Vegas un cobarde que con voz temblorosa pero decidida gritó: "Eh Ringo! Muérete, muérete Ringo".
"Hay tipos que me dicen: "Hola, Bonavena, siéntese, coma algo". ¡Si cuando yo no tenía un mango no me daban de comer! ¿Por qué me quieren dar de comer ahora?
Cuando Ringo volvió a Argentina protagonizó, quizá no de forma tan fingida más de un escándalo que le vino de perlas para autopromocionarse. De ese modo consiguió enfrentarse al Campeón Argentino Goyo Peralta, ese que “sobreviviría” toda la pelea a el mejor Foreman. El débil a priori era Ringo que poco menos tuvo que perseguir a Peralta para que se enfrentase a él. El hecho es que Bonavena se había ofrecido a Goyo como Sparring estando en Estados Unidos a lo que Goyo Peralta se negó argumentando que Bonavena solo quería darse a conocer a costa de su fama, que ya era aspirante oficial al cinturón mundial Frente a Willie Pastrano. De ese modo se preveía un choque muy interesante lleno de alternativas que los argentinos, divididos no iba a dejar pasar.
El 4 de septiembre del 65 se produce ese choque en el Luna Park, por el título argentino de peso pesado. Ringo subió al ring, donde recibió un abucheo monumental, que para eso era el más “odiado y bocazas” boxeador latino del momento; el abucheo más fuerte que se recuerde en la historia del boxeo Argentino. Por el contrario, Goyo Peralta fue ovacionado desde las cuatro puntos cardinales del recinto. A casi 2 minutos del comienzo del 5° round, Bonavena ganó la pelea por K.O. Fue un momento increíble.
Aún es recordado como al día siguiente Óscar Bonavena se vistió su traje gris corbatita fina, se ciñó su cinturón de Campeón y salió a las calles del barrio para mostrarse transparente y accesible para la gente de su barrio, así era este fortísimo campeón...
En la memoria de muchos aun resuena...
SOMOS DEL BARRIO
DEL BARRIO DE LA QUEMA....
SOMOS DEL BARRIO
DE RINGO BONAVENA.
Aún después de vencer al ídolo, para muchos argentinos Ringo continuó siendo un cobarde, inestable y agrio capaz de ganar al mejor y perder ante el mas mediocre rival. Lo cierto es que es un milagro que Bonavena pudiera subirse a un ring y realizar una más o menos meritoria carrera, el hecho es bien reflejado en este extracto de Ulises Barrera que dijo de "Ringo" Bonavena:
“Ringo fue un extrañísimo fenómeno, y no sólo por sus ocurrencias, sino porque era un boxeador con pies totalmente planos y sin base de sustentación. Allí me expliqué porqué este hombre para hacer footing tenía que ir al hipódromo, ya que era el único lugar donde se sentía bien corriendo en la arena. Era un milagro que subiera al ring. Solía tirar unos golpes abiertos muy largos que Luis Angel Firpo los llamaba telegramas, porque vienen muy de lejos. Llegar a pelear con Clay e inclusive hacerle temblar la osamenta con un golpe fue una hazaña para Bonavena, tanto que hoy se puede decir recorriendo récords que se convirtió en el peso pesado argentino de mejor trayectoria”.
Es cierto, el 7 de diciembre de 1970 se enfrentó a Muhammad Ali en el Madison Square Garden, perdiendo en el último round después de haberse dado el lujo de derribar a Ali antes haber caído en tres oportunidades, decretándose el KO por reglamento. El mejor recuerdo de Bonavena de su encuentro con Ali es además de lograr derribarle y pelear como un jabato, fue darse el gusto de llamarle “gallina” de permitirse llamarle Clay cuando ya era Alí, sabiendo que eso le molestaba muchísimo. De ese modo jugó a ser Ali. Era la interpretación cinematográfica del hombre que tiene que llamar la atención para que se le de una oportunidad, él mismo afirmaría que para conseguir sus combates tenía que decir cosas que no sentía. El hecho, es que si no fuese de ese modo tampoco nos extrañaría, si no lo hiciera premeditadamente, nos lo creeríamos ya que si es cierto que Bonavena tenía sus defectos la maldad no era uno de ellos; fue sincero y trasparente decía lo que pensaba en cada momento aunque eso doliera o la trajera problemas. Mas minuciosamente mas o menos lo que ocurrió fue así: “Cuando llega Bonavena a Nueva York un día va a un entrenamiento y empieza a gritarle "chicken, chicken... (gallina)". Clay lo miró sorprendido. Luego cuando hacen una suerte de conferencia de prensa previa a la pelea, se presenta y dice: "Soy Muhammad Alí que va a ganar fácilmente este combate". Y Bonavena no se ocupó de eso, sino que asomó la cabeza por encima de las dos personas que lo separaban y le empezó a decir: "Clay, Clay...", y este le respondía mirándolo furiosamente "Alí, soy Muhammad Alí...". Era una cosa increíble porque le estaba tomando el pelo recordando su nombre verdadero y no el que había adoptado desde su bautismo al Islam. Se fue tan enojado y sorprendido a la vez, que todo el mundo comentó que el único individuo que le hizo eso fue Bonavena.”
En el momento de la derrota ante Ali, Ringo poseía tenía 68 peleas en su haber, con 58 victorias, 9 derrotas y un empate.
Ese “no pudo ser” fue sin duda el no conseguir su cetro de campeón mundial, aunque hay que valorar sus rivales en la división. Además de Muhammad Alí también perdió ante Jimmy Ellis y fracasó ante Joe Frazier, quien le ganó dos combates.
El hecho es que tanto los preliminares como el propio combate contra El más Grande gustó de tal modo al público que pronto se comenzó a barajar la posibilidad de la revancha. Después de su baño de multitudes en Argentina de vuelta en los Estados Unidos, Ringo quería dejar de ser cobarde para cierto sector de la sociedad y fue en busca del desquite, su revancha, ante Muhammad Ali. Quería demostrar que tenía pasta de campeón y, también, alzarse con la generosa bolsa del combate.
Ringo fue a EEUU en busca del desquite ante Muhammad Ali. Pero su joven corazón de treinta y tres años fue partido en mil pedazos por la bala asesina disparada por un matón a sueldo desde un fusil treinta-cero-seis, a treinta metros, en el estado de Nevada.
Ocurrió a las puertas de "Mustang Ranch", el cabaret de Joe Conforte, quien había sido durante un período su manager. Vale aclarar que Ringo vivía en una cabaña muy cerca del prostíbulo, y que, por eso, pasaba gran parte de sus días en el mismo.
Esa trágica noche Willard Ross Brymer, un mandado de Conforte, le disparó a Bonavena con un poderoso rifle. Ringo habría discutido con un hombre encargado de la seguridad del lugar, Joe Coletti, apodado Billy el niño, y aparentemente todo estaba premeditado y planeado por Joe Conforte, al enterarse de un supuesto romance del boxeador con su esposa, Sally Conforte, una mujer 26 años mayor que Ringo.
Puede que Brymer estuviera enfadado por que Bonavena había golpeado unos días atrás a su hermano Baby Dean en un entrenamiento. O por que Ringo para asegurarse el permiso de residencia estuvo casado durante diez días con Cheryl Ann Revideaux, una prostituta que le gustaba a Brymer, chica del propio burdel. Sea como fuere, no vale la pena buscar un sentido a algo que no lo tiene.
Ringo fue enterrado el 30 de mayo de 1976 con su pecho ahogado en claveles rojos. Unas 150.000 personas pasaron por el Luna. Era el último adiós al bueno de Ringo.
sábado, 16 de mayo de 2009
¿Corrupción de menores?

Porque a falta de Susanas buenas son las María Elenas.
Una señora ya tenía moscones impertinentes en la cabeza zumbandole preguntas. Hoy, con tanto “bailaniño” televisado, nos resulta oportuno que alguien oriente el blanco sobre negro. Hace exactamente 30 años, siempre tan puntual.
"No hay preguntas indiscretas.
Indiscretas son las respuestas."
Oscar Wilde
Vivimos consumiendo preceptos y productos sin cuestionarlos, por temor a la indiscreción de las respuestas y porque es más seguro acatar rutinas que incurrir en singularidades. Un ejercicio de esclarecimiento podría empezar con estas discretísimas preguntas:
¿Educamos a nuestras niñas para que en el día de mañana (si lo hay) sean ociosas princesas del jet-set? ¿Las educamos para Heidis de almibarados bosques? ¿Las educamos para futuras cortesanas? ¿Las educamos para enanas mentales y superfluas "señoras gordas"?
Así parece, por lo menos en buena parte de la bendita clase media argentina, dada la aberrante insistencia con que se estimula el narcisismo y la coquetería de nuestras niñas y se les escamotea su participación en la realidad.
La nena suele gozar de una envidiable amnesia para repetir la tabla del cuatro junto con una no menos envidiable memoria para detallar el último capítulo del idilio de tal vedette con tal campeón o el menor frunce del penúltimo modelo de Carolina de Mónaco cuando salió a cazar mariposas en Taormina con su digno esposo.
Consentimos y aprobamos que sea maniática consumidora de chafalonía, vestimenta, basura impresa y todo lo que, en fin, represente moda y no verdad. Consentimos que acuda al espejito más neuróticamente que la madrastra de Blancanieves, que sea experta en cosmética, teleteatros y publicidad, que exija chatarra importada o que calce imposibles zuecos para denuedo de traumatólogos.
Formamos una personalidad melindrosa cortando de raíz —porque todo empieza desde el nacimiento— la sensibilidad o el interés que podría sentir por la variada riqueza del universo.
—Es el instinto femenino —dicen algunos psicólogos de calesita. Eso me recuerda una anécdota. El director de una compañía grabadora estaba un día ocupado en comprobar cuántas veces se pasaba determinado disco por la radio.
—¡Qué bien, qué éxito, cómo gusta, cómo lo difunden a cada rato! —aplaudió entusiasmado. Y después agregó —: Claro que hay que ver la cantidad de plata que invertimos en la difusión radial de este tema...
Nosotros también programamos a nuestras niñas como a ese eterno infante que es el público. Les insuflamos manías e intereses adultos, les subvencionamos la trivialidad y luego atribuimos el resultado a su constitución biológica.
Las jugueterías, en vidrieras separadas, ofrecen distintos juguetes para niñas y para varones. En Estados Unidos, no hace muchos años los lugares públicos estaban igualmente divididos "para gente de color" y "para blancos". ¡Dividir para reinar!
A las nenas sólo se les ofrece —o se les impone— juguetería doméstica: ajuares, lavarropas, cocinas, aspiradoras, accesorios de belleza o peluquería.
Si con esto se trata de reforzar las inclinaciones domésticas que trae desde la cuna, ¿por qué no orientarla también hacia la carpintería o la plomería? ¿Acaso no son actividades hogareñas indispensables? Sí, lo son, pero remuneradas. He aquí una respuesta indiscreta.
Los juguetes para varones sortean la monotonía y ofrecen toda la gama de posibilidades humanas y extraterrestres: granjas, tren eléctrico, robots, microscopio, telescopio, equipos de química y electrónica, autos, juegos de ingenio y todo lo que, en fin, estimula las facultades mentales.
¿A la nena no le gustan los animales de granja ni los trenes? ¿No sueña con manejar un coche? ¿No siente curiosidad por el microcosmos o el espacio? ¡Cómo la va a sentir si es cosa de la otra vidriera, la de Gran Jefe Toro Sentado Blanco!
¿Es que el ejercicio de la razón y la imaginación pueden llevarla a la larga a desistir de ser una criatura dependiente y limitada, mano de obra gratuita y personaje ornamental? La respuesta es sumamente indiscreta.
En la casa y la escuela destinamos a la nena a reiterar las más obvias y desabridas manualidades, a remedar las tareas maternas... y a practicar la maledicencia a propósito de indumentaria vecinal.
La nena vive rodeada de dudosos arquetipos y la forzamos a emularlos, comprándole la diadema de la Mujer Maravilla o el manto de cualquier otra maravilla femenil. No falta tío que ponga en sus manos un ejemplar de "Cómo ser bella y coqueta", otro espejito más o la centésima muñeca.
Salvo raras excepciones como Reportajes Supersónicos de Syria Poletti, cuya heroína es una pequeña periodista, el papel impreso que suele frecuentar la nena —incluido el libro de lectura— le muestra a mujeres que, en la más alta cima del intelecto, son maestras. Las demás, aparte de consabidas hadas y brujas, son siempre domadas princesas o abotargadas amas de casas.
La nena sabe, por las revistas que devora como una leona, que en este mundo no hay mujeres dedicadas a las más diversas tareas, por necesidad o por ganas. Lo que es más grave y contradictorio, le enseñan a soslayar el hecho de que su propia madre trabaja afuera o estudia, como si éste no fuera modelo apropiado dada su excentricidad. Jamás vio —y si lo vio mojó el dedo y pasó la página— que hay mujeres obreras, pilotos, juezas o estadistas. Es tan avaro el espacio que los medios les dedican, ocupados como están en la promoción de Miss Tal o la siempre recordable Cristina Onassis.
Educar para el ocio, la servidumbre y la trivialidad, ¿no significa corromper la sagrada potencia del ser humano?
Por suerte, esta criatura vestida de rosa (no faltará quien diga, confundiendo otra vez causas con efectos, que las nenas nacen de rosa y los varones de celeste, cuando este negocio de los colores distintivos fue invento de una partera italiana, allá por 1919), esta criatura, digo, es fuerte y rebelde, dotada de una capacidad de supervivencia extraordinaria. La nena, en muchos casos, renegará de la manipulación y decidirá ser una persona. Pero ¿quién puede medir la dificultad de la contramarcha y la energía desperdiciada en librarse de tanta tilinguería adulta?
Mientras modelan a la pequeña odalisca remilgada, el tiempo pasa y llega la hora de la pubertad. Entonces los adultos se alarman porque la nena asusta con precoces aspavientos sexuales y emprende calamitosamente los estudios secundarios. Terminó los primarios como pudo, entre espejitos, telenovelas, chismografía y exhibicionismo fomentados y aprobados, pero al trasponer la pubertad se le reprocha todo esto y empieza a hacerse acreedora al desprecio que la banalidad inspira a quienes mejor la imponen y más caro la venden.
Los mayores ponen el grito en el cielo porque la nena no da señales de ir a transformarse en una Alfonsina Storni. Ahí empieza a tallar el prestigio de la cultura —desmesurado porque se trata de otra forma del culto al exitismo individual— y florece una tardía sospecha de que la nena no fue educada razonablemente. Cuando las papas queman, esos pobres padres de clase media argentina comprenden por fin que no son Grace y Rainiero y que la tierra que pisan no es Disneylandia.
En ese preciso momento aparece también el espantajo de la TV, esa culpable de todo. ¿Y quién delegó en ella las tareas de institutriz? La mediocridad de la TV no hace sino colaborar en la fabricación en serie de ciudadanas despistadas.
No se trata de reavivar severidades conventuales ni se trata de desvalorizar el trabajo doméstico ni inquietudes que, mejor orientadas, podrían ser simplemente estéticas. No se trata tampoco de mudarse de vidriera para suponer, por ejemplo, que el automovilismo es más meritorio que el arte culinario, o la cursilería más despreciable que el matonismo.
Toda criatura humana debe aprender a bastarse y cooperar en el trabajo hogareño y a cuidar, si quiere, su apariencia. Lo grave consiste en convencer a la criatura femenina de que el mundo termina allí.
Se trata de comprender que la niña no tiene opción, que es inducida compulsivamente a la frivolidad y la dependencia, que por tradición se le practica un lavado de cerebro que le impide elegir otra conducta y alimentar otros intereses.
La frivolidad no es un defecto truculento que merezca anatemas al estilo cuáquero o musulmán. Lo truculento consiste en hacerle creer a alguien que ése es su único destino, incompatible con el uso de la inteligencia. Lo grave consiste en confundir un espontáneo juego imitativo de la madre con una fatalidad excluyente de otras funciones.
A la nena no se le permite formar su personalidad libremente: se la dan toda hecha, y aprendices de jíbaros le reducen el cerebro para luego convencerla de que nació reducida. La instigan a practicar un desenfrenado culto a las apariencias y a desdeñar su propia y diversa riqueza humana. La recortan y pegan para luego culparla porque es una figurita. La educan, en fin, para pequeña cortesana de un mundo en liquidación.
¿No es eso corrupción de menores?
María Elena Walsh.
Clarín, jueves 5 de abril de 1979.
viernes, 8 de mayo de 2009
Disculpen la molestia.

Eduardo Galeano
Reflexión del día en el programa La Mañana conducido por Víctor Hugo Morales en Radio Continental, el 6 de mayo.
Quiero compartir algunas preguntas, unas moscas que me andan zumbando en la cabeza que tienen que ver con la justicia: si es justa la justicia, si está parada sobre sus pies, la justicia del mundo al revés? Porque ahora se escuchan clamores por todas partes exigiendo la pena de muerte, pero no demandan castigo sobre los amos del mundo esos clamores, faltaba más, los clamores claman contra los asesinos que usan navaja, no contra los que usan misiles, y uno se pregunta: ya que esos justicieros están tan locos de ganas de matar, por qué no exigen la pena de muerte contra la injusticia social.
Es justo un mundo que cada minuto destina tres millones de dólares a los gastos militares, cada minuto tres millones de dólares a los gastos militares mientras cada minuto mueren quince niños por hambre o enfermedad curable?. Contra quién se arma hasta los dientes la llamada comunidad internacional? Se arma contra la pobreza o contra los pobres? Por qué los fervorosos de la pena capital no exigen la pena de muerte contra los valores de la sociedad de consumo que cotidianamente atentan contra la seguridad pública? O a caso no invita al crimen el bombardeo de la publicidad que aturde a millones y millones de jóvenes desempleados, mal pagados, repitiéndole noche y día, día y noche que ser es tener; tener un automóvil, tener zapatos de marca, tener, tener y quien no tiene no es.
Y por qué no se implanta la pena de muerte contra la muerte? El mundo está organizado al servicio de la muerte. Hoy fabrica muerte la industria militar, que devora la mayor parte de nuestros recursos y buena parte de nuestras energías. Los amos del mundo sólo condenan la violencia cuando la ejercen otros. Y este monopolio de la violencia se traduce inexplicable para los extraterrestres y también insoportable para los terrestres que todavía queremos contra toda evidencia sobrevivir. Los humanos somos los únicos animales especializados en el exterminio mutuo y hemos desarrollado una tecnología de la destrucción que está aniquilando de paso al planeta y a todos sus habitantes. Esa tecnología se alimenta del miedo. Es el miedo que fabrica, que justifica los enemigos del derroche militar y policial; y en tren de implantar la pena de muerte: qué tal si condenamos a muerte al miedo? No sería sano acabar con esta dictadura universal de los asustadores profesionales, los sembradores de pánico que nos condenan a la soledad y nos prohíben la solidaridad, sálvese quien pueda, aplastaos los unos a los otros. El prójimo es siempre un peligro que acecha. Ojo mucho cuidado, este te robará, aquel te violará, ese cochecito de bebé esconde una bomba musulmana y si esa mujer te mira, esa vecina de aspecto inocente es seguro que te contagia la peste porcina.
En el mundo al revés dan miedo hasta los más elementales actos de justicia y sentido común. Pero, no nacieron para caminar juntos, bien pegaditos el sentido común y la justicia?
Ahora el mundo está triste porque se venden menos autos, una de las consecuencias de esta crisis mundial feroz es la caída de la próspera industria del automóvil. Si tuviéramos algún resto de sentido común y alguito de sentido de la justicia, no tendríamos que celebrar esa buena noticia? O acaso la disminución de los automóviles no es una buena noticia? Desde el punto de vista de la naturaleza que estará un poquito menos envenenada y desde punto de vista de los peatones que morirán un poquito menos.
Según Louis Carrol la reina explicó a Alicia cómo funciona la justicia en el País de las maravillas. Dijo la reina: ahí lo tienes, está encerrado en la cárcel cumpliendo su condena pero el juicio no empezará hasta el próximo miércoles y por supuesto, el crimen será cometido al final.
En El Salvador, el arzobispo Hernán Gandulfo Romero comprobó, que la justicia como la serpiente, sólo muerde a los descalzos. El murió a balazos por denunciar que en su país los descalzos nacían de antemano condenados como en el cuento de la reina, por delito de nacimiento.
El resultado de las recientes elecciones en El Salvador no es de alguna manera un homenaje? Un homenaje al arzobispo Romero y a los miles que como él murieron luchando por una justicia justa.
En el reino de la injusticia a veces terminan mal las historias de la Historia, pero ella, la Historia, no termina. Cuando dice adiós, dice hasta luego.
jueves, 16 de abril de 2009
Predicar en desiertos.

O bien podría decirse: pedirle peras al olmo; tirarle margaritas a los chanchos; gastar pólvora en chimango...
Este señor escribió allá por el 1837, se hace incalculable dicho momento, como si no hubiera diferencias con la Edad Media por ejemplo; una serie de ensayos publicados en un semanario llamado "La Moda" revista al fin de música, literatura, costumbres y otros menesteres. Allí se evidencia el texto que a continuación reproduce este niño. La actualidad se plasma de tal manera que si no fuera por la fecha de publicación diríamos que fue escrito anoche. El niño decide transcribir estas líneas de un compadrito que no aceptó nunca un cargo público. Que además de pelearse con Sarmiento: él con la pluma y quizás el otro con la espada y unas pocas palabras subidas de tono; rechazó las ideas de Mitre para luego en el exilio, allá en un pueblito en las afueras de París, se dejara morir a los 73. Ensayos como el que a continuación detallamos inauguran la idea de que algunos ya pensaron lo pensado, nada nuevo hay bajo este sol, y fundamentalmente el lugar de los intelectuales en nuestro país debe ser uno solo, y no varios, ambiguos y hasta protagonistas de riñas de gallos. Una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa. En este momento alguien tiene que parar la pelota y pensar. Alguien ya lo hizo hace más de 170 años.
El prócer en cuetión tiene nombre de calle, pero antes de ello hizo lo que dijo y dijo lo que pensó; en aquel tiempo esto estaba de última moda. Permiso...
¡Y qué pocas son las ocasiones que no se predica de este modo en estos
tiempos! Tiempos desiertos para todos los predicadores; tiempos sordos, que no
quieren oír sermones de ningún género: los únicos medios de manejarlos son el
palo, el oro, y la risa: agentes invencibles que se abren paso por dondequiera, y
para los cuales no hay desiertos, porque a la elocuencia del palo, nadie es
insensible; nadie es ciego a la luz del oro, ni sordo al susurro formidable de la
risa. En saliendo de aquí, ya todo es sermón, es decir, sueño, aburrimiento,
sordera, ininteligencia, pérdida de tiempo, desiertos. Así pues:
escribir en La Moda, es predicar en desiertos, porque nadie la lee. ¿Para qué la
han de leer? La Moda no da de palos, no da oro; solo debe a las pocas risas que
se le escapan, los pocos lectores con que cuenta. ¿Para qué la han de leer? ¿Qué
trae La Moda sino cosas que las damas están cansadas de saber? Un estilo añejo
y pesado, que jamás se ha conocido en los tiempos floridos de nuestra prensa
periódica: unas ideas rancias ya entre nosotros; unos asuntos frívolos, faltos de
dirección y de sistema, y todo, en fin, tan trivial y tan ligero, que hasta las
mujeres podrían hacer su crítica. ¿Cómo han de descender a tan indigno y
estrecho recinto nuestros hombres serios? La Moda es para ellos un sucucho, un
cuartejo a la calle, una barbería donde un tal Figarillo hace más enredos que
barbas. De modo que La Moda es un pequeño desierto donde se puede decir
impunemente contra las mujeres, especialmente, todas las injurias que se
quieran.
Y en efecto, escribir para las mujeres, es predicar en desiertos, porque no leen,
ni quieren leer; y si llegan a leer, leen como oyen llover. Un periódico de damas
sería un desierto aquí, porque para nuestras damas, toda literatura es un desierto.
Decirles que deben darse a la lectura, al pensamiento; que no basta saber bordar
y coser; que el piano, el canto, el baile, el dibujo, los idiomas no constituyen
sino un preliminar a una educación completa; que sus destinos son más altos y
dignos en la sociedad, es predicar en las montañas, pero no como Aquél que
hace cerca de dos mil años predicó en un monte, y hasta ahora retumban sus
palabras por toda la tierra. Por un oído les entra, y por otro les sale. Vamos
bailando y paseando, y después una de dos, o secándonos en el trabajo, o
secándonos en el deleite, y después, más tarde, encerrándonos, y después
llorando, y después vomitando sangre, y después entregando al cielo una vida
recién comenzada: ¡esto es bello, natural sin duda!
Escribir para los tenderos, es predicar en desiertos. No leen: los periódicos y los
libros son para ellos unas pampas, de que huyen cual si fuesen ganados. Puede
usted escribir incendios contra ellos, en la seguridad de que no lo sabrán jamás:
es como si usted dirigiese a un gaucho nuestro, un montón de injurias en inglés.
No tienen por qué leer los tenderos: ¡son tan instruidos por lo común, tan
urbanos, tan despejados!
Escribir en estilo un poco fácil y no convencional, es predicar en desiertos,
porque nadie lo entiende. Aquí, en no escribiéndose con la materialidad vulgar y
ordinaria de los españoles, ya tenemos sermón en desierto. Expresión un poco
desusada, expresión perdida. Expresión sin trivialidad, poco prosaica, expresión
perdida... ¡Pon fin! ¡Adónde se ha ido este! ¡Ni el diablo que le alcance!
Término un poco metafísico, término perdido. Comparación un poco lejana,
comparación perdida. Si usted no llama al pan, pan, y al vino, vino, usted
predica en desiertos, en medio de esta sociedad soberbia de su cultura.
Hablar aquí el lenguaje usado hoy día en las prensas y en las tribunas de Europa,
es predicar en desiertos, porque de nadie es entendido: es una jerga, una
jerigonza, un batiburrillo indescifrable según algunos espíritus positivos de
nuestra tierra. Es nuestro atraso, digo yo; no entendemos a la Europa: es
extranjera para nosotros, como para nuestra madre la España, que no es de
Europa, sino de África o Asia, más bien. Sola a la España entendemos; es decir,
la materia, la prosa, la inepcia. No queremos sino lo que es eterno: nos
preciamos de adelantados, y reímos de todo lo que no es de ahora cien años.
Proclamar la sociabilidad y moralidad del arte, es predicar en desiertos, porque
los poetas, los lectores, la sociedad, todo el mundo continúa entregado al
egoísmo. Y no se entiende lo que se lee; se lee como el loro; se acaba de leer la
nueva doctrina, y se sigue haciendo obras egoístas. Es porque no se hace lo que
se quiere, sino lo que se sabe; y no se sabe sino lo que es sabido, lo que ha sido
hecho, lo que es viejo: no se sabe más que imitar, plagiar, copiar. Dar ejemplos
nuevos, y únicamente así, es reformar el arte: ¡ejemplos, ejemplos! y basta de
sermones.
Enseñar sus defectos y sus deberes a los cómicos, es predicar en desiertos. Todo
arte, todo libro, todo estudio, toda escuela, es desierto para nuestros cómicos. Se
les dice: no hagan ustedes esto, hagan ustedes esto otro; y se hacen saco, y
siguen barbarizando, y ganando y comiendo, que es todo el fin de sus poltrones
afanes.
Escribir en español americano, y no en español godo o castizo, es predicar en
desiertos. Porque aquí las ideas, como los memoriales, han de guardar ciertas
formas sancionadas, so pena de ser rechazados en caso de contravención. Hay
hombre que más bien no querría saber una verdad nueva, antes que verla escrita
en mal castellano. Para hombres de esta clase, es inconcebible toda ciencia, toda
doctrina, que no venga escrita en la lengua de Cervantes. Es a la más ciega, a la
más servil imitación de este escritor, a donde todas sus ambiciones literarias
propenden. Escribir español castizo, castizo en todo, en voces, en régimen, en
sintaxis, en giro, en tono, en saber: he aquí la cultura, el gusto, el arte, el lujo
literario de sujetos, que, por otra parte no cesan de disputar a la España todas las
prerrogativas inteligentes. ¡La degradan, la insultan, y la copian! ¡Y de copiarla
se honran! ¡Risible anomalía!
Escribir ideas filosóficas, generalidades de cualquier género, mirar las cosas de
un punto de vista poco individual, es predicar en desiertos. Aquí no se quiere
saber nada con la filosofía, es decir, con la razón. Qué, y nosotros ¿somos
racionales acaso? ¿No somos hijos de la Península? Que vaya la filosofía al otro
lado de los Pirineos y del Rin, que a nosotros, para ser felices y libres, maldita la
falta que nos hace el tal rerum cognoscere causas.
Escribir de su arte para los comerciantes, para los labradores, para los pastores,
para los artesanos, para los industriales de cualquier especie, es predicar en
desiertos. No leen, ni han leído, ni leerán jamás. ¿Acaso esas cosas se aprenden
leyendo ni están en los libros? Eso se aprende por instinto, por imitación, por
rutina, maquinalmente como los animales, como las abejas; y por eso es que
nuestros artesanos y labradores trabajan hoy sus obras como lo hacían ahora cien
años, y como de aquí a cien años lo harán todavía. Son exactamente unas abejas
en esta parte, pero unas abejas ociosas, negligentes, abandonadas, sin duda por
el número infinito de zánganos con que cuenta la colmena.
Estimular la juventud al pensamiento, al patriotismo, al desprendimiento, es
predicar en desiertos. La noble juventud se hace sorda, y corriendo afanosa tras
de deleites frívolos, por encima de un hombro desdeñoso, envía una mirada de
tibieza sobre las lágrimas de la patria.
Juan Bautista Alberdi.La Moda, 10 de marzo de 1838.
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